Las estimaciones privadas coinciden en que la inflación de diciembre se ubicará por encima del 2%, en una franja que va del 2,3% al 2,7%, lo que llevaría al acumulado anual a alrededor del 31%, el nivel más bajo desde 2017. En términos estadísticos, el dato marcaría una fuerte desaceleración respecto de 2024, cuando la inflación cerró en 117,8%, una baja de más de 80 puntos porcentuales en apenas un año.
Ese contraste es el que el oficialismo busca destacar: una caída abrupta del ritmo inflacionario que, según el relato gubernamental, demostraría la efectividad del ajuste fiscal, la política monetaria restrictiva y el control del gasto público.
Sin embargo, el contexto es más complejo. Si bien el IPC anual sería el menor en ocho años —24,8% fue el registro de 2017—, el dato también confirma que la inflación no logró perforar el piso del 2% mensual, algo que el presidente había prometido alcanzar con mayor rapidez. De hecho, desde septiembre los índices volvieron a estabilizarse por encima de ese umbral y las consultoras prevén que esa dinámica continúe durante los próximos meses.
El Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM), elaborado por el Banco Central, estimó una inflación de 2,3% en diciembre, mientras que consultoras como Equilibra, EcoGo, C&T y la Fundación Libertad y Progreso ubicaron el dato mensual entre 2,5% y 2,7%, con un cierre anual que oscila entre 31% y 31,8%.
Detrás del promedio, los informes privados advierten que la desaceleración no fue homogénea. Alimentos y bebidas, uno de los rubros más sensibles para los hogares, volvió a mostrar subas relevantes impulsadas principalmente por la carne, que registró incrementos mensuales de entre 7% y 9,6%, según la consultora.
También se destacaron los aumentos en transporte, vivienda, servicios públicos, bebidas, tabaco y bienes y servicios varios, este último con alzas cercanas al 5% mensual. Las caídas en verduras ayudaron a moderar el índice general, pero no lograron revertir la percepción de pérdida de poder adquisitivo.
Como anticipo, la inflación de la Ciudad de Buenos Aires fue del 2,7% en diciembre, con un acumulado anual de 31,8%, un número que refuerza la expectativa de un IPC nacional en niveles similares o incluso superiores al de noviembre (2,5%).
Desde el Gobierno nacional confían en utilizar el dato de inflación anual como prueba de que “la macroeconomía está ordenada” y que el proceso de estabilización está en marcha. Algunas consultoras incluso hablan de un “quiebre” respecto de los años previos y de señales de mayor previsibilidad.
Sin embargo, el desafío sigue siendo la economía real. La desaceleración inflacionaria convive con salarios rezagados, consumo deprimido, tarifas en alza y una fuerte presión sobre los ingresos de trabajadores y jubilados. Para amplios sectores de la sociedad, la inflación baja no se tradujo aún en una mejora concreta de la calidad de vida.
Así, el dato que el INDEC difundirá este martes cerrará un año clave para la política económica: una inflación significativamente menor, sí, pero también la confirmación de que el combate contra los precios todavía está lejos de sentirse como una victoria cotidiana en el bolsillo de los argentinos.