Si bien en diciembre la suba mensual fue del 2,6%, levemente inferior al promedio nacional del 2,8%, el dato no alcanzó para compensar una dinámica inflacionaria que a lo largo del año fue más intensa en el sur, especialmente en rubros clave para la economía cotidiana de los hogares patagónicos.
Durante el último mes del año, el transporte encabezó los aumentos, con una suba del 4,3%, reflejando el fuerte impacto de los costos de movilidad y logística en una región marcada por grandes distancias. Le siguieron alimentos y bebidas no alcohólicas, que aumentaron 3,0%, un capítulo sensible por su peso directo en la canasta básica.
En el acumulado anual, las mayores presiones inflacionarias se concentraron en Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles, que registraron un incremento del 58,8%. Este rubro tiene una incidencia estructuralmente mayor en la Patagonia debido a las condiciones climáticas y al elevado consumo energético.
Otro capítulo que mostró una suba muy por encima del promedio fue Educación, con un aumento acumulado del 83,4% durante 2025.
Al analizar la composición de la inflación regional, los bienes mostraron una variación del 2,6% mensual y del 26,5% interanual, mientras que los servicios aumentaron 2,4% en diciembre y acumularon una suba del 51,3% en el año. Esta brecha refleja el creciente peso de los servicios en el costo de vida y la dificultad para sostener ingresos frente a aumentos persistentes.
Si bien a nivel nacional los precios regulados lideraron las subas de diciembre, en la Patagonia el impacto fue particularmente fuerte en tarifas de gas y electricidad, que tienen mayor incidencia que en otras regiones del país.
Con estos números, la Patagonia cerró 2025 como la región más golpeada por la inflación, incluso por encima del Gran Buenos Aires (31,7%) y muy por encima del Noreste argentino (28,8%). El escenario vuelve a poner sobre la mesa el debate por políticas diferenciadas que contemplen el mayor costo de vida estructural que enfrenta el sur del país.