El acto, cuidadosamente difundido a través de una gacetilla oficial cargada de frases bienintencionadas, contrasta de manera brutal con la realidad que atravesaron miles de estudiantes fueguinos durante todo el año: paros reiterados, desobligaciones permanentes, edificios escolares cerrados por problemas edilicios, falta de previsibilidad y un calendario escolar pulverizado. En los hechos, 2025 fue un año donde la escuela fue la excepción y no la regla.
En ese contexto, resulta difícil no leer con ironía las palabras del mandatario cuando afirma que “abrir las escuelas en verano permite fortalecer aprendizajes”. La pregunta es inevitable: ¿qué aprendizajes se pueden “fortalecer” cuando durante el año directamente no hubo clases de manera regular?
El programa de verano, al que asisten unos 400 chicos y chicas con actividades lúdicas, recreativas y alimentarias, cumple una función social indiscutible. Pero presentarlo como un refuerzo pedagógico suena más a un intento de disimular un derrumbe que a una política educativa seria. No es fortalecimiento: es parcheo.
Melella, que además se presenta públicamente como “profesor”, parece olvidar que la educación no se recupera con visitas protocolares ni con fotos en enero, sino con decisiones políticas firmes: garantizar clases, ordenar el sistema, sostener la autoridad del Estado frente a los conflictos y asegurar condiciones edilicias dignas. Nada de eso ocurrió.
El saldo es alarmante: estudiantes que no alcanzaron contenidos básicos, trayectorias educativas interrumpidas y miles de niños y jóvenes que vieron vulnerado su derecho elemental a aprender. El costo no es simbólico ni electoral; es concreto y se pagará en el futuro inmediato de una generación entera.
Mientras tanto, el Gobierno provincial insiste en vender como logro lo que en realidad es consecuencia de su propia inacción. Escuelas abiertas en verano para compensar un año cerrado por conflictos no es política educativa: es admitir, sin decirlo, que el sistema fracasó.
La educación fueguina no necesita marketing ni gacetillas optimistas. Necesita clases, previsibilidad y una gestión que deje de celebrar la excepción y se haga cargo del desastre. Por ahora, el “profesor” Melella volvió a recordarnos —aunque no era necesario— que su política educativa sigue sin dar la materia más importante: garantizar el derecho a la educación.