Presentada como una herramienta “simple, rápida y segura”, disponible las 24 horas y destinada a facilitar el acceso a turnos, recetas y estudios médicos, la aplicación rápidamente fue cuestionada por los propios usuarios, que inundaron las redes sociales con reclamos, críticas y frustración.
Los comentarios se repiten y coinciden:
la plataforma no funciona, es lenta, no permite completar los registros, no ofrece turnos reales, muestra una oferta mínima de especialidades y, en muchos casos, solo aparece un único profesional disponible, sin información clara sobre su especialidad. Para algunos usuarios, ni siquiera es posible ingresar una contraseña o finalizar el proceso de alta.
Pero lo más revelador no es el mal funcionamiento técnico de la aplicación, sino lo que expone: la escasez estructural de médicos, la falta de especialidades y la inexistencia de turnos disponibles en la salud pública provincial. La digitalización no creó el problema; simplemente lo dejó al desnudo.
Mientras desde los canales oficiales y medios afines se difunden gacetillas celebrando la “modernización del sistema”, la experiencia concreta de los vecinos muestra otra realidad: no hay turnos para sacar, no hay médicos suficientes y no hay respuestas para una demanda creciente.
A esto se suma un reclamo puntual y grave: los vecinos de Tolhuin no figuran en la oferta del sistema, quedando directamente excluidos de la supuesta herramienta de acceso universal a la salud. Una omisión que vuelve a marcar las desigualdades territoriales dentro de la provincia.
Lejos de garantizar “mejor acceso a la salud pública”, el Portal de Pacientes terminó funcionando como un espejo incómodo. Uno que refleja un sistema desfinanciado, desordenado y con serias dificultades para garantizar algo tan básico como una consulta médica.
En definitiva, la aplicación no solucionó el problema de fondo. Solo lo hizo más visible.
Y hoy, para miles de fueguinos, la salud pública sigue dependiendo más de la paciencia que de la tecnología.