Para los vecinos de la zona norte de la ciudad, el fuerte viento registrado durante la jornada del sábado no fue un fenómeno climático más, sino el detonante de una pesadilla que se repite desde hace años. Las ráfagas intensas, predominantes del sector oeste y oeste-noroeste, levantaron nuevamente enormes cantidades de polvo desde la conocida Laguna Seca, generando una nube que llegó a percibirse a varios kilómetros de distancia y cubrió amplios sectores de la ciudad.
Barrios como Los Flamencos, Las Aves, Aeropuerto y sectores aledaños volvieron a quedar envueltos en un aire irrespirable, con tierra en suspensión que ingresó a las viviendas, se acumuló en patios y calles, y obligó a muchos vecinos a permanecer encerrados, con ventanas cerradas y respirando un ambiente cargado de polvo fino.
El fenómeno no es nuevo ni inesperado. Cada vez que el viento sopla con fuerza desde el oeste, la Laguna Seca —convertida en un enorme reservorio de sedimentos sueltos— se transforma en el epicentro de una nube de polvo que avanza sobre Río Grande. Lo que debería ser una contingencia excepcional se ha convertido, para cientos de familias, en una rutina tan molesta como peligrosa.
A esta situación se suma un factor clave: las promesas incumplidas del Ministerio de Obras Públicas de la provincia. Hace ya varios años, el Gobierno provincial anunció la instalación de bombas de agua en la Laguna Seca con el objetivo de mantener húmeda la superficie y evitar la voladura de tierra. Sin embargo, según denuncian los propios vecinos, esas bombas nunca funcionaron de manera efectiva, y las sucesivas intervenciones no lograron dar una solución de fondo al problema.
“Todos los años es lo mismo. Anuncian obras, dicen que están trabajando, pero cuando viene el viento fuerte volvemos a vivir esta situación”, repiten los residentes de la zona norte, cansados de convivir con días enteros cubiertos por una nube de polvo que afecta la salud, ensucia las viviendas y deteriora la calidad de vida.
El impacto también se sintió con fuerza en el tránsito. Circular por la ruta de Circunvalación se volvió complejo y riesgoso, debido a la falta de visibilidad en algunos tramos, donde el polvo en suspensión redujo notablemente el campo visual de los conductores, generando situaciones de peligro.
Mientras tanto, la Laguna Seca sigue siendo un problema sin resolver. Pese a los anuncios oficiales, las obras nunca alcanzaron resultados concretos y los barrios del norte continúan expuestos a una situación que ya no admite más postergaciones.
El viento no se puede controlar. Lo que sí puede y debe controlarse es una obra pública largamente prometida, que sigue siendo una deuda pendiente con los vecinos de Río Grande, quienes cada vez que sopla el oeste vuelven a quedar atrapados en la misma pesadilla de polvo y abandono.