ANTARTIDA.- La comunidad científica internacional recibió un reporte alarmante respecto a la situación sanitaria en el continente blanco. Una serie de estudios de campo realizados en territorio antártico confirmó que la influenza aviar ya no es una amenaza lejana, sino una realidad que se propaga con rapidez entre los animales autóctonos, poniendo en jaque el equilibrio biológico de la región.
El primer indicio de esta crisis se registró en abril del año pasado, cuando el especialista Víctor Neira identificó la presencia de la cepa H5N1 en ejemplares de skuas. A partir de ese hallazgo, el patógeno logró desplazarse de manera sostenida, cubriendo una franja de 900 kilómetros sobre la costa occidental y afectando a una variedad de especies que hasta el momento se mantenían a resguardo.
Neira, quien se desempeña como investigador en la Universidad de Chile y el Instituto Antártico Chileno (Inach), explicó el alcance de la situación actual. "El virus se ha expandido completamente en la región antártica en donde nosotros tenemos la capacidad de ir a estudiar", señaló el experto al analizar los resultados de los testeos realizados en la zona de conflicto.
Durante la última campaña de verano, los equipos técnicos constataron que el virus alcanzó a poblaciones de cormoranes, gaviotas dominicanas y diversas colonias de pingüinos, entre ellos los de Adelia y Papúa. También se reportaron casos positivos en mamíferos marinos, específicamente en el lobo fino antártico, lo que demuestra la versatilidad de contagio del microorganismo.
Si bien las cifras oficiales hablan de decenas de ejemplares afectados, los especialistas consideran que estos números representan apenas una fracción del escenario real. Las limitaciones que imponen las bajísimas temperaturas del entorno reducen las ventanas de trabajo a muy pocas horas diarias, lo que dificulta la tarea de recolección de cadáveres y el recuento preciso de las bajas en las colonias más alejadas.
El peligro que representa esta cepa radica en su alto nivel de letalidad y en la velocidad de su desenlace. En palabras de Neira, "esta enfermedad es capaz de matar al 100% de las aves en periodos cortos de tiempo. Por ejemplo en uno o dos días puede llegar a matar al 90% o 100% de los animales de un lugar".
El escenario se vuelve todavía más complejo si se considera el tamaño de las poblaciones locales. Aunque muchas de estas aves no figuran actualmente en los listados de riesgo crítico de los organismos internacionales, el investigador advirtió que "las especies de la Antártida son en general escasas a nivel mundial". Esta particularidad implica que una mortandad masiva podría empujar a grupos enteros, como el cormorán antártico que cuenta con apenas 20.000 individuos, hacia una situación de vulnerabilidad extrema.
Este fenómeno se enmarca en una crisis sanitaria global que desde el año 2021 viene golpeando a la fauna de distintos continentes por las rutas migratorias. Los antecedentes más cercanos son preocupantes; durante el año 2023, la influenza aviar fue la responsable de la muerte de 1.300 pingüinos de Humboldt en las costas chilenas, lo que representó la pérdida de una décima parte de la población total de esa especie en dicho país.