“La verdad es que no alcanza ni para un kilo de pan. Estamos hablando de aumentos de cien o doscientos pesos. Nada. Absolutamente nada”, afirmó Sánchez en diálogo con FM del Pueblo, dejando en claro que los grandes titulares no reflejan la realidad cotidiana de miles de trabajadoras.
El acuerdo establece un 1% de aumento y luego dos tramos del 1,5%, además de bonos de 8 mil, 11.500 y hasta 20 mil pesos para quienes superan las 16 horas semanales. Sin embargo, el salario por hora en la categoría más común apenas supera los 4.600 pesos en bruto, cifra que —según denuncian— queda pulverizada por la inflación y los gastos básicos.
Sánchez remarcó que el problema no es solo el monto del aumento, sino el incumplimiento sistemático por parte de empleadores. “Hay compañeras a las que no les pagaron el bono anterior. Entonces enero y febrero cobraron lo mismo. ¿Qué vamos a hacer con este nuevo bono si el anterior ni siquiera apareció?”, cuestionó.
La situación se agrava cuando se trata de aportes jubilatorios y obra social. “No sabemos si los aportes están hechos. Muchas no pueden ir a ANSES a verificar. Hay compañeras que no tienen ni para cargar el teléfono. Y si tienen que elegir, primero cargan la SUBE para ir a trabajar”, explicó.
El atraso en los aportes impacta directamente en beneficios como el descuento del transporte y, a futuro, en la jubilación. “Es deuda que se acumula y después la perjudicada es la trabajadora”, advirtió.
Uno de los puntos más delicados es el temor a perder el empleo. Según relató Sánchez, en los últimos días varias trabajadoras fueron despedidas tras mencionar el bono o consultar por sus derechos. “Les dijeron ‘trabajás hasta el viernes y después no vengas más’. Las compañeras no pueden salir a confrontar porque se quedan sin trabajo. La que pone la cara soy yo”, sostuvo.
También denunció irregularidades frecuentes: falta de vacaciones pagas, aguinaldo, licencias por enfermedad y recibos de sueldo que no reflejan la realidad salarial. “La ley es hermosa, tiene todos los derechos. Pero si no se cumple, ¿de qué sirve?”, planteó en referencia al régimen especial que regula la actividad.
Con firmeza, Sánchez defendió la organización del sector y su lucha histórica. “No es un grupito de WhatsApp, somos trabajadoras. Y estamos hablando de mujeres que cuidan hogares, niños, adultos mayores. Lo más valioso que tiene una familia”, expresó.
La referente también apuntó a la falta de sensibilidad de algunos profesionales responsables de liquidar sueldos. “Les pido a los contadores que se pongan una mano en el corazón. No estamos hablando de aumentos de 200 mil pesos. Son monedas, pero para una compañera puede ser la diferencia entre viajar o no viajar, entre comprar un kilo de pan o no”.
Sánchez recordó que los reclamos no son nuevos y atraviesan distintos gobiernos. “Los reclamos son los mismos desde hace años. Cambian los presidentes, pero la precarización sigue. Hoy estamos todos en el Titanic”, graficó.
A pesar del contexto adverso, destacó el acompañamiento municipal en capacitaciones y gestiones, algo que —según señaló— no ocurre en otras ciudades.
La preocupación central, sin embargo, es inmediata: salarios que no alcanzan, derechos que no se respetan y trabajadoras que sostienen hogares ajenos mientras hacen malabares para sostener el propio.
“Las compañeras necesitan esos 20 centavos de aumento. Lo necesitan de verdad. No es exageración. Es la realidad”, concluyó Dora Sánchez, poniendo voz a un sector esencial que, una vez más, reclama algo básico: que se cumpla la ley y que su trabajo sea valorado como corresponde.