Lejos de una discusión técnica sobre límites territoriales, la edil planteó una mirada política más profunda: antes de pensar en crecer, Ushuaia debe resolver la deuda estructural que mantiene con miles de vecinos que hoy viven sin acceso pleno a servicios básicos.
Freiberger fue contundente al advertir que la ampliación del ejido urbano, en el contexto actual, no solo resulta imprudente sino que puede agravar una crisis ya instalada.
“La discusión no puede ser sumar territorio cuando todavía no podemos garantizar agua, cloacas, gas o electricidad en muchos barrios”, sostuvo. En ese sentido, describió un escenario preocupante: sectores enteros de la ciudad que sobreviven en condiciones de precariedad, sin infraestructura básica ni perspectivas claras de mejora.
La concejal alertó que esta lógica de expansión sin planificación termina consolidando un modelo de ciudad desigual, donde el crecimiento no está acompañado por el Estado, sino que queda librado a la improvisación.
Uno de los puntos más críticos de su planteo apunta a las motivaciones detrás del debate. Para Freiberger, la insistencia en ampliar el ejido urbano no puede leerse por fuera de intereses económicos.
Sin mencionarlo de forma directa, dejó entrever que detrás de esta iniciativa existe una clara orientación hacia el negocio inmobiliario, que desplaza del centro de la agenda las verdaderas urgencias de la ciudad.
En ese marco, advirtió que este tipo de discusiones “distraen” mientras Ushuaia continúa creciendo de manera desordenada, con barrios que se multiplican sin planificación ni servicios, profundizando la fragmentación urbana.
A partir de sus recorridas, Freiberger describió una postal que se repite en distintos puntos de Ushuaia: calles de tierra, ausencia de veredas, falta de señalización y servicios deficitarios.
Puso como ejemplo sectores como La Cantera, donde las condiciones básicas de urbanización aún no están garantizadas, mientras que en otras zonas se ejecutan obras que no logran dar respuesta a las necesidades más urgentes.
“Hoy transitar la ciudad se vuelve cada vez más complejo, y eso también habla de una falta de planificación integral”, remarcó.
Otro de los ejes centrales de su análisis es el contexto presupuestario. La concejal advirtió que trabajar con un presupuesto reconducido limita seriamente la capacidad del municipio para proyectar obras de envergadura y responder a la creciente demanda.
En ese escenario, insistió en la necesidad de una administración eficiente de los recursos disponibles y de una planificación a mediano y largo plazo que priorice la infraestructura básica por sobre la expansión territorial.
Freiberger también contextualizó el problema en el crecimiento acelerado que ha tenido Ushuaia en las últimas dos décadas. Ese desarrollo, sostuvo, no fue acompañado por políticas públicas sostenidas que ordenen el territorio y garanticen servicios.
El resultado es una ciudad que se expandió hacia distintos puntos sin una estrategia clara, generando desigualdades profundas entre barrios consolidados y otros que aún hoy carecen de condiciones mínimas.
Lejos de rechazar el crecimiento urbano en sí mismo, la concejal planteó que el debate debe darse en otros términos: primero consolidar, luego expandir.
“No se trata solo de sumar tierra, sino de garantizar que quienes viven ahí tengan calidad de vida”, sintetizó.
En esa línea, su planteo interpela directamente al modelo de desarrollo de Ushuaia: ¿expandir para quién y en qué condiciones?
Mientras esa pregunta sigue sin una respuesta clara, miles de vecinos continúan viviendo en una ciudad que, según advierte Freiberger, se acerca cada vez más a un escenario de “mega asentamiento”, donde la supervivencia reemplaza a la planificación y el futuro queda postergado.