USHUAIA.- La situación de la Escuela Especial Nº 1 Kayú Chénèn atraviesa un presente crítico debido a la demora indefinida en las tareas de mantenimiento de su edificio propio. Romina Chinquini, máxima autoridad del establecimiento, manifestó su preocupación por la ausencia de un cronograma claro de finalización de obra, lo que entorpece el normal desenvolvimiento del calendario escolar para una de las poblaciones estudiantiles más sensibles de la ciudad.
En diálogo con la radio FM Centro, la directiva recordó que el conflicto se originó en septiembre del año pasado. Si bien admitió que "es una obra que se esperaba hace muchísimos años", cuestionó que las tareas hayan arrancado en medio del dictado de clases, una decisión que alteró la dinámica institucional desde el primer momento.
La situación empeoró durante el último receso estival, cuando los trabajos sufrieron una parálisis de casi tres semanas. Chinquini relató que esta inactividad no pasó desapercibida para el entorno de la escuela, señalando que "las familias lo veían" porque pasaban por el lugar y notaban que la obra estuvo prácticamente un mes sin avances significativos.
Esta demora obligó a que una parte considerable de los alumnos todavía no pueda asistir a las aulas de manera regular. Actualmente, la actividad escolar se reparte de forma precaria entre tres edificios distintos, pero la directora remarcó que estas sedes provisorias carecen de la infraestructura requerida para la educación especial.
Al describir las dificultades cotidianas, Chinquini detalló que se encuentran trabajando en lugares con dimensiones reducidas y servicios sanitarios insuficientes para el volumen de la matrícula. "Nuestros estudiantes necesitan espacios de contención, de relax y de juego", explicó la docente, quien calificó como una tarea muy compleja el hecho de enseñar en condiciones de hacinamiento.
La incertidumbre respecto a los tiempos de entrega de la obra original es otro de los puntos que genera malestar en la comunidad. La docente señaló que inicialmente se barajaron los meses de marzo o abril como plazos probables, pero ante la continuidad de los trabajos en la actualidad, ya no cuentan con una estimación certera de cuándo podrán regresar al edificio central.
Ante la falta de respuestas, el grupo de padres y el personal docente organizaron diversas medidas de fuerza, entre las que se destacaron marchas y un abrazo simbólico a la escuela. Para la directora, esta dilación sistemática representa una vulneración de los derechos de los alumnos, quienes ven afectado su acceso a una educación de calidad en un entorno seguro.
Hacia el cierre de su intervención, Chinquini puso el foco en el daño pedagógico que este escenario genera a largo plazo. Según su visión, el tiempo perdido en estas circunstancias es difícil de compensar, sobre todo considerando que estos estudiantes requieren procesos de adaptación específicos que se interrumpen ante la falta de una sede adecuada.