Los Juegos EPADE y ParaEPADE 2026 ya están en marcha en Tierra del Fuego, con sedes en Río Grande y Ushuaia, en lo que debía ser una nueva fiesta del deporte patagónico. Sin embargo, el inicio del evento quedó rápidamente atravesado por cuestionamientos a la organización y a las condiciones en las que fueron recibidas las delegaciones.
Durante la primera noche, los jóvenes deportistas fueron trasladados a cenar a un espacio en la zona de Margen Sur que evidenciaba problemas de calefacción, en medio de temperaturas bajas propias de la época. A esto se sumó la entrega de porciones de comida consideradas escasas para atletas de alto rendimiento, generando incomodidad y malestar desde el arranque mismo de la competencia.
Los Juegos EPADE (Ente Patagónico Deportivo) constituyen uno de los eventos más importantes del calendario deportivo juvenil del sur argentino, reuniendo a delegaciones de todas las provincias patagónicas. A su vez, los ParaEPADE incorporan disciplinas para personas con discapacidad, consolidando una propuesta inclusiva que promueve el acceso al deporte en igualdad de condiciones.
En paralelo, también se desarrollan competencias de los Juegos de la Integración Patagónica (JIP), ampliando el alcance de la actividad y fortaleciendo el vínculo entre las provincias.
En esta edición, Río Grande concentra disciplinas como levantamiento olímpico, tiro con arco -convencional y adaptado- y tenis de mesa en ambas modalidades. Por su parte, Ushuaia se suma como sede con el bádminton, tanto en categoría convencional como para personas con discapacidad.
Más allá de lo estrictamente deportivo, el foco se trasladó rápidamente a la logística. Las condiciones en las que fueron recibidos los atletas encendieron las primeras críticas y dejaron al descubierto falencias en aspectos básicos como la alimentación y los espacios destinados a la atención de las delegaciones.
La combinación de frío, instalaciones inadecuadas y comida insuficiente generó un contraste evidente con el nivel de exigencia que implica este tipo de competencia, donde los participantes requieren condiciones acordes para poder rendir.
El contexto provincial suma un elemento clave: en 2025, Tierra del Fuego desistió de organizar los Juegos de la Araucanía -evento binacional de gran magnitud- argumentando falta de infraestructura y recursos a pocos meses de su realización.
Ese antecedente vuelve a cobrar relevancia ahora, ya que las dificultades observadas en el inicio de los EPADE y ParaEPADE reavivan el debate sobre la planificación y la capacidad organizativa para sostener eventos deportivos de escala regional.
Estos juegos no solo representan una instancia competitiva, sino también un espacio de integración, formación y desarrollo para jóvenes deportistas que comienzan a proyectarse en el alto rendimiento.
Por eso, garantizar condiciones adecuadas no es un aspecto secundario, sino parte esencial del evento: alimentación suficiente, espacios confortables y logística eficiente son elementos clave para el desarrollo de la competencia.
Con varias jornadas por delante, la atención ahora está puesta en la capacidad de la organización para corregir las deficiencias señaladas y garantizar mejores condiciones para las delegaciones.
Mientras tanto, el inicio dejó una imagen que contrasta con el espíritu de los juegos: en un evento que busca unir a la Patagonia a través del deporte, la experiencia fuera de la cancha también cuenta. Y en este arranque, quedó en el centro de la escena.