Luego de su paso por Israel, donde participó de actividades vinculadas a la conmemoración de la independencia, el presidente Javier Milei decidió volver a colocar el foco en la agenda interna con un objetivo claro: recuperar el centro de la discusión política.
La herramienta elegida es la reforma electoral, un proyecto que hasta hace poco no figuraba entre las prioridades inmediatas del Gobierno, pero que ahora se convirtió en el nuevo eje de la estrategia oficialista en el Congreso.
En la Casa Rosada, la iniciativa fue trabajada en los últimos meses por el entorno más cercano al Presidente, con participación de asesores políticos y del área técnica. El objetivo, según plantean desde el oficialismo, es “alinear la política con lo que piensa la sociedad”.
Sin embargo, detrás del impulso también aparece una necesidad política: desplazar del centro de la escena el caso que involucra al jefe de Gabinete, Manuel Adorni, cuya situación judicial por presunto enriquecimiento ilícito viene generando un desgaste creciente en la imagen del Gobierno.
En las últimas semanas, la gestión libertaria intentó reposicionar a Adorni con una mayor exposición en tareas de gestión, pero el tema continuó dominando la agenda pública, especialmente en el ámbito digital.
El avance de la reforma no será sencillo. Incluso dentro de los espacios que habitualmente acompañan al oficialismo comenzaron a surgir cuestionamientos.
Desde el PRO y el Movimiento Integración y Desarrollo, referentes marcaron reparos tanto por el momento elegido como por el contexto político que atraviesa el Gobierno.
Dirigentes de estos espacios consideran que no es oportuno avanzar con una reforma de fondo mientras persiste la polémica en torno a Adorni. En ese sentido, algunos legisladores deslizan que su continuidad en el cargo complica cualquier intento de recomposición política.
El proyecto que el Ejecutivo enviará al Congreso incluye tres ejes centrales:
Desde el Gobierno sostienen que la iniciativa busca reducir costos, terminar con privilegios y modificar reglas que consideran alejadas de las demandas sociales.
El oficialismo se muestra confiado en poder avanzar con la discusión, aunque reconoce en privado que el contexto político no es el ideal. La necesidad de construir consensos en un Congreso fragmentado aparece como uno de los principales desafíos.
Mientras tanto, la jugada de Javier Milei deja en claro que la estrategia pasa por recuperar la iniciativa y reordenar la agenda pública.
El interrogante es si la reforma logrará instalarse como el nuevo eje del debate político o si, por el contrario, el ruido en torno al caso Adorni seguirá condicionando al Gobierno en el corto plazo.