“Estamos convencidos que vamos a seguir defendiendo lo nuestro”, expresó, marcando el tono de una jornada atravesada por la incertidumbre, pero también por una fuerte convicción colectiva.
Durante su intervención, López remarcó que la lucha no se detiene: “Estamos como trabajadores de Aires del Sur, en conjunto con nuestra organización gremial, ratificando la firme decisión de continuar con la misma convicción del día uno, que es continuar luchando por lo que nos quitaron”.
El conflicto, que ya lleva casi dos meses, abre ahora una nueva etapa. “Tal vez hoy, en vez de ser el día cincuenta y siete, comience la vuelta en cero, porque hoy comienza otra etapa”, sostuvo, al tiempo que reafirmó que no están dispuestos a resignar derechos ni años de trabajo: “Nuestros años de antigüedad no quedan tirados a la basura”.
Pero fue el tramo final del mensaje el que dejó la escena más cruda. Con la voz quebrada y visiblemente conmovido, López puso en palabras el impacto humano del conflicto:
“Vamos a defender nuestras familias una vez más. Nos vamos a secar nuestras lágrimas para explicarle a nuestros hijos que vamos a seguir peleando, que vamos a seguir demostrando que el pueblo unido nunca cae”.
La emoción atravesó a todos los presentes. Entre lágrimas, el delegado reforzó el sentido profundo de la lucha: “Tenemos que entender que somos soberanía en el sur, que somos ciento cuarenta familias luchando por lo nuestro, y que no tiene que ser tan simple para los que más tienen y tan complicado para los que no tenemos”.
Lejos de retroceder, el mensaje cerró con una definición contundente que resume el espíritu del conflicto:
“Hoy somos nosotros y, en serio, no queremos que sean más… No nos vamos a arrodillar ante nadie”.
Así, Aires del Sur continúa en pie, con sus trabajadores decididos a sostener la ocupación y el reclamo, en una pulseada que ya trasciende lo laboral y se instala como un símbolo de resistencia en el extremo sur del país.