RIO GRANDE.- Luego de varios días de fuerte repercusión pública por la suspensión en la entrega de leche en establecimientos educativos de Río Grande y Tolhuin, el Gobierno provincial salió a dar explicaciones. Sin embargo, lejos de aportar certezas, la respuesta oficial dejó más dudas que definiciones y volvió a trasladar la responsabilidad a factores externos.
La secretaria de Gestión Operativa del Ministerio de Educación, Paola Abendaño, reconoció en una entrevista que brindó en Radio Provincia que durante la semana pasada el proveedor no contaba con la cantidad suficiente de leche para abastecer a todas las instituciones. No obstante, negó que se haya interrumpido el servicio y sostuvo que la situación pudo resolverse con los recursos disponibles en cada escuela.
En ese sentido, explicó que ante la falta del insumo se planteó como alternativa reemplazar la leche por mate cocido o té con pan, una definición que generó malestar al relativizar el impacto alimentario en niños y niñas que dependen de ese aporte nutricional diario.
Desde el área también se indicó que muchas instituciones contaban con “remanentes” de semanas anteriores, producto de jornadas con menor actividad, y que solo dos establecimientos requirieron asistencia directa. Sin embargo, el propio relevamiento realizado por el Ministerio para verificar el stock en las escuelas evidenció que la situación distaba de ser normal.
A pesar de la preocupación generada, la funcionaria descartó que el problema esté vinculado a falta de pago a proveedores y lo atribuyó a inconvenientes logísticos habituales en la provincia, como demoras en el cruce por barcaza o condiciones climáticas adversas.
Sin embargo, en ningún momento hubo una autocrítica sobre la previsión del servicio ni sobre la falta de mecanismos para evitar este tipo de situaciones en un sistema alimentario sensible.
El contexto, además, complejiza aún más el escenario. Según datos oficiales, la cantidad de estudiantes que asisten a comedores escolares creció de 8.000 a más de 10.000 en los últimos meses, reflejando un aumento sostenido de la demanda alimentaria.
En ese marco, la falta de leche —aunque haya sido parcial o transitoria— expone no solo problemas operativos, sino también la fragilidad de un esquema que depende de respuestas improvisadas frente a contingencias previsibles.
Mientras tanto, la respuesta oficial volvió a apoyarse en explicaciones externas, sin asumir responsabilidades ni ofrecer garantías concretas para evitar que la situación se repita.