El episodio ocurrió mientras corresponsales de distintos medios internacionales realizaban coberturas desde el sector conocido como North Lawn, uno de los espacios más sensibles del perímetro presidencial. Según relataron periodistas presentes en la zona, las detonaciones comenzaron de manera repentina y generaron escenas de confusión y alarma.
La periodista Selina Wang contó que estaba grabando un video cuando comenzaron a escucharse lo que describió como “docenas de disparos”. De inmediato, agentes del Servicio Secreto ordenaron evacuar el área y dirigirse rápidamente hacia el interior de la residencia presidencial.
Los trabajadores de prensa fueron trasladados hacia la sala de conferencias mientras el operativo de seguridad se desplegaba en todo el perímetro de la Casa Blanca. En paralelo, fuerzas policiales federales y efectivos de la Guardia Nacional comenzaron a bloquear distintos accesos y a acordonar sectores cercanos al complejo presidencial.
Según trascendió en medios estadounidenses, el presidente Donald Trump permanecía dentro de la Casa Blanca al momento del incidente, participando de reuniones vinculadas a negociaciones internacionales, entre ellas conversaciones relacionadas con Irán.
Hasta el momento, las autoridades estadounidenses no emitieron información oficial sobre el origen de las detonaciones ni confirmaron si hubo heridos o detenidos. Tampoco se precisó si se trató de un ataque directo, un enfrentamiento o un incidente aislado en las inmediaciones.
El hermetismo oficial alimentó aún más la incertidumbre en Washington, donde el nivel de seguridad que rodea habitualmente a la Casa Blanca convierte cualquier episodio de este tipo en un hecho de enorme sensibilidad política y de seguridad nacional.
La situación generó una fuerte repercusión mediática y política debido a que el complejo presidencial estadounidense es considerado uno de los lugares más custodiados del planeta. Por esa razón, el reporte de disparos y la rápida activación de protocolos de emergencia encendieron inmediatamente las alarmas.
Mientras continúan las investigaciones, la zona permanece bajo estricta vigilancia y con importantes restricciones de circulación. El operativo de seguridad sigue activo a la espera de precisiones oficiales sobre un episodio que volvió a poner a Washington en estado de máxima alerta.