Mientras el grupo Mirgor firmó con SMATA el primer acuerdo de "banco de horas" del país para sus plantas autopartistas de Buenos Aires, en Tierra del Fuego la misma propuesta chocó de frente con la resistencia de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM), abriendo un nuevo capítulo en la disputa por el futuro del trabajo industrial en la provincia.
El convenio firmado por la compañía comenzará a regir en julio, tendrá una duración inicial de 12 meses y permitirá acumular hasta 200 horas de trabajo para compensar períodos de baja actividad con momentos de mayor producción. La empresa sostiene que la herramienta busca evitar suspensiones y despidos en un contexto de fuerte caída de la actividad industrial.
Sin embargo, cuando la misma posibilidad fue planteada en Tierra del Fuego, la respuesta sindical fue contundente: no.
El debate no es menor.
La intención de Mirgor de aplicar el banco de horas salió a la luz en mayo, cuando la empresa debió suspender temporalmente a unos 80 trabajadores de una de sus líneas vinculadas a la producción de equipos de audio para la industria automotriz debido a problemas de abastecimiento de insumos.
En ese contexto, la firma propuso utilizar la nueva herramienta habilitada por la reforma laboral.
La UOM rechazó el planteo.
El secretario adjunto del gremio, Marcos Linares, confirmó que la empresa intentó avanzar con el sistema, pero la organización sindical consideró que la medida implica una pérdida de derechos para los trabajadores y cuestionó la reforma laboral impulsada por el gobierno de Javier Milei.
Finalmente, ambas partes acordaron encuadrar la situación bajo el artículo 223 bis de la Ley de Contrato de Trabajo, garantizando que los trabajadores suspendidos cobraran el 100% de sus salarios hasta la normalización de la producción.
El sistema permite que una empresa mantenga el salario de sus trabajadores aun cuando haya menos actividad y no se complete la jornada habitual.
Las horas no trabajadas quedan registradas en una especie de cuenta corriente laboral y deben ser recuperadas posteriormente cuando la producción aumenta.
Para las empresas, la herramienta representa una alternativa a las suspensiones y los despidos.
Para los sindicatos, el principal cuestionamiento pasa por la flexibilización de las jornadas laborales y el impacto que puede tener sobre el régimen de horas extras, uno de los derechos históricos conquistados por los trabajadores industriales.
El dato político detrás de la noticia es que Mirgor logró cerrar el acuerdo con SMATA, un gremio que ya tiene experiencias similares en terminales automotrices como Ford, Toyota, Mercedes-Benz y Volkswagen.
Pero en Tierra del Fuego el escenario es completamente distinto.
La representación sindical corresponde a la UOM, que viene manteniendo una posición crítica frente a los cambios impulsados por la reforma laboral y que además atraviesa una etapa de creciente tensión con las empresas electrónicas por las suspensiones, la caída de la actividad y el futuro de cientos de trabajadores contratados bajo modalidades especiales como el régimen PPD.
Detrás de la discusión técnica sobre el banco de horas se esconde una pelea mucho más profunda.
La industria fueguina atraviesa uno de los momentos más complejos de los últimos años, golpeada por la caída del consumo, la apertura de importaciones y la incertidumbre sobre el futuro del régimen de promoción industrial.
En ese escenario, las empresas buscan herramientas para reducir costos y ganar flexibilidad.
Los sindicatos, en cambio, intentan evitar que la crisis termine transformándose en una pérdida permanente de derechos laborales.
La pregunta que sobrevuela en las fábricas de Río Grande es inevitable: si Mirgor logró convertirse en la primera empresa del país en aplicar el banco de horas, ¿cuánto tiempo pasará antes de que vuelva a intentar implementarlo en Tierra del Fuego?
La respuesta podría marcar un antes y un después para miles de trabajadores fueguinos. Porque más allá de las 200 horas que contempla el acuerdo, lo que realmente está en discusión es quién definirá las reglas laborales de la nueva etapa industrial que comienza a gestarse en la Argentina.