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Uber ya no deja plata: la salida que eligieron miles de fueguinos en la crisis - Red 23 Noticias - Tierra del Fuego

GENERALES | 23 JUN 2026

Uber ya no deja plata: la salida que eligieron miles de fueguinos en la crisis

Lo que durante los últimos años apareció como una alternativa para complementar ingresos, afrontar despidos o sobrevivir a la caída del salario hoy muestra señales evidentes de desgaste. Más conductores, menos pasajeros y costos cada vez más altos configuran una ecuación que preocupa a quienes encontraron en las aplicaciones una forma de llegar a fin de mes.




Hubo un tiempo en que manejar para una aplicación parecía una buena idea.

Para muchos trabajadores fueguinos fue incluso una solución. Frente a la pérdida del poder adquisitivo, las suspensiones en las fábricas, la caída de las horas extras y la incertidumbre económica, plataformas como Uber, DiDi o InDrive se transformaron en una fuente rápida de ingresos.

La promesa parecía sencilla: disponer de un vehículo, conectarse a una aplicación y generar dinero en los momentos libres.

Pero esa realidad comenzó a cambiar.

Hoy, entre quienes manejan habitualmente para estas plataformas, la frase se repite con cada vez más frecuencia: "ya no deja plata".

No se trata solamente de una percepción. Detrás de esa sensación existe un fenómeno económico que refleja con claridad la situación que atraviesa Tierra del Fuego.

El refugio laboral de la crisis

Cuando la actividad industrial comenzó a desacelerarse y los salarios perdieron capacidad de compra, miles de trabajadores buscaron alternativas para sostener sus ingresos.

Muchos encontraron en las aplicaciones una respuesta inmediata.

Operarios fabriles, empleados de comercio, trabajadores independientes, jubilados e incluso profesionales comenzaron a sumar horas detrás del volante.

La lógica era simple: si el sueldo ya no alcanzaba, había que trabajar más.

Sin embargo, ese movimiento generó una consecuencia inesperada.

Cada vez más personas comenzaron a competir por la misma cantidad de pasajeros.

Más autos en la calle, menos viajes para todos

La proliferación de vehículos trabajando para plataformas digitales es visible en Río Grande y Ushuaia.

Lo que antes era una actividad desarrollada por unos pocos hoy reúne a cientos de conductores que permanecen conectados durante horas esperando un viaje.

El problema es que la demanda no creció al mismo ritmo.

Por el contrario.

La caída del consumo que golpea a comercios, supermercados y distintos sectores de la economía también afecta al transporte privado.

Las familias ajustan gastos, reducen salidas y utilizan menos servicios considerados prescindibles.

En consecuencia, hay más choferes buscando pasajeros en una economía donde circula menos dinero.

La ecuación es brutal: más oferta y menos demanda.

La cuenta que ya no cierra

A la reducción de viajes se suma otro problema: los costos operativos no dejan de aumentar.

Combustible, mantenimiento, cubiertas, seguros, repuestos, alineación, amortiguadores y revisiones técnicas representan una carga cada vez más pesada para quienes utilizan su propio vehículo como herramienta de trabajo.

En Tierra del Fuego, donde las condiciones climáticas exigen un mayor desgaste mecánico y los costos suelen ser superiores al promedio nacional, el impacto resulta todavía más fuerte.

Los propios conductores describen una ecuación cada vez más difícil de sostener. Aunque la facturación bruta puede rondar los $10.000 por hora en momentos de alta demanda, las plataformas retienen entre un 30% y un 40% del valor del viaje en concepto de comisión. A eso se suman los gastos de combustible, que pueden representar entre $1.500 y $2.000 por hora de trabajo, además del desgaste permanente del vehículo, cubiertas, mantenimiento y reparaciones.

En términos reales, muchos choferes estiman que la ganancia efectiva termina ubicándose entre los $3.000 y $3.500 por hora, una cifra que obliga a extender las jornadas para lograr ingresos que realmente impacten en la economía familiar.

La situación se vuelve aún más compleja si se tiene en cuenta que los tiempos de espera entre viajes son cada vez mayores debido a la saturación del mercado. Es decir, no todas las horas conectadas son horas facturadas. En muchos casos, los conductores pasan largos períodos aguardando solicitudes o circulando sin pasajeros, consumiendo combustible y tiempo sin generar ingresos.

Lo que antes podía representar una actividad rentable hoy se parece más a una carrera permanente para cubrir costos y evitar que el vehículo termine absorbiendo buena parte de lo recaudado.

El avance silencioso del pluriempleo

La situación también expone una transformación profunda del mercado laboral fueguino.

Cada vez son más las personas que necesitan dos o tres fuentes de ingresos para sostener el mismo nivel de vida que años atrás podían mantener con un solo empleo.

Trabajadores que cumplen una jornada completa en una fábrica y luego manejan durante varias horas.

Empleados públicos que utilizan sus fines de semana para realizar viajes.

Comerciantes que, después de cerrar sus locales, se conectan a una plataforma para sumar algunos pesos más.

La expansión de las aplicaciones no necesariamente refleja prosperidad.

En muchos casos es la evidencia de una economía donde el salario principal dejó de ser suficiente.

El síntoma de una crisis más profunda

Lo que ocurre con Uber y otras plataformas excede ampliamente al negocio del transporte.

Es una fotografía de la realidad económica que atraviesa la provincia.

En Río Grande, donde el Municipio habilitó un registro con un cupo de hasta 800 vehículos para plataformas digitales, el crecimiento de la actividad da cuenta de una realidad social que excede al transporte. Detrás de cada auto conectado hay un trabajador que busca compensar la pérdida de ingresos de su empleo principal.

El problema es que cada vez son más los que intentan hacerlo al mismo tiempo, en una economía donde la demanda no crece y el consumo sigue en retroceso.

La paradoja es evidente: cuanto más se deteriora la situación económica, más personas ingresan a actividades complementarias buscando sobrevivir. Pero ese mismo crecimiento de la oferta termina reduciendo las posibilidades de todos.

Por eso la frase que comienza a escucharse en las calles de Río Grande y Ushuaia no habla solamente de una aplicación.

Habla de una provincia donde cada vez más trabajadores hacen esfuerzos extraordinarios para sostener su economía familiar.

Más horas de trabajo. Más desgaste. Más tiempo lejos de sus familias.

Pero no necesariamente más ingresos.