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La decisión del IPV obligó al CAAD a vender los materiales de su futuro edificio - Red 23 Noticias - Tierra del Fuego

GENERALES | 25 JUN 2026

DEL SUEñO DE CRECER A VENDER LOS LADRILLOS

La decisión del IPV obligó al CAAD a vender los materiales de su futuro edificio

Después de años de trabajo solidario para reunir materiales de construcción, el Centro de Actividades Alternativas para la Discapacidad deberá vender 5.000 bloques que había comprado para levantar un nuevo edificio. El Instituto Provincial de Vivienda le comunicó que no podrá construir en el predio que oportunamente le había sido asignado en la Margen Sur.




Hay decisiones administrativas que terminan golpeando mucho más que un expediente.

La adoptada por el Instituto Provincial de Vivienda y Hábitat (IPVyH) afecta directamente a una de las instituciones sociales más queridas y reconocidas de Río Grande: el Centro de Actividades Alternativas para la Discapacidad (CAAD), que desde hace años trabaja para mejorar la calidad de vida de personas con discapacidad y acompañar a sus familias.

El proyecto era tan ambicioso como necesario.

Ampliar las instalaciones del CAAD para brindar más espacios, desarrollar nuevas actividades y responder a una demanda que crece año tras año.

Para lograrlo, como tantas otras veces, la institución no recurrió a grandes inversores ni a aportes millonarios. Apeló a lo que históricamente sostuvo su crecimiento: la solidaridad de la comunidad.

Campañas, rifas, beneficios y el acompañamiento permanente de vecinos permitieron reunir materiales para comenzar la obra. Entre ellos, 5.000 bloques adquiridos especialmente para levantar el nuevo edificio en un terreno ubicado en la Margen Sur.

Pero el proyecto se detuvo de manera abrupta.

Un documento que cambió todo

Según confirmó el responsable del CAAD, Marcelo Saldivia, la institución recibió una comunicación oficial del Instituto Provincial de Vivienda mediante la cual se les informó que no podrán construir en el terreno que había sido cedido para ese fin.

La decisión dejó sin destino inmediato a todo el esfuerzo realizado durante años.

"Nos llegó un documento donde el IPV nos dice que no podemos edificar en un terreno en la Margen Sur que nos habían cedido. Para ese proyecto teníamos 5 mil bloques y ahora no podemos darles el uso para el que los habíamos conseguido", explicó Saldivia.

Sin posibilidad de avanzar con la obra, la institución tomó una decisión tan dolorosa como inevitable.

Poner a la venta los bloques.

No para obtener ganancias, sino para recuperar parte de los recursos invertidos y poder destinarlos a otras necesidades urgentes del funcionamiento cotidiano del CAAD.

Cuando la solidaridad choca contra las decisiones del Estado

La imagen resulta difícil de explicar.

Mientras una comunidad entera acompañó durante años cada campaña solidaria organizada por el CAAD para hacerlo crecer, una resolución administrativa terminó dejando sin efecto el proyecto edilicio que motivó ese esfuerzo colectivo.

Detrás de cada bloque no hay solamente un material de construcción.

Hay horas de trabajo voluntario, vecinos que colaboraron en eventos solidarios, familias que aportaron recursos y una comunidad que creyó que ese nuevo edificio permitiría ampliar las oportunidades para personas adultas con discapacidad.

Hoy ese sueño quedó suspendido.

Y los materiales que simbolizaban el crecimiento deberán transformarse nuevamente en dinero para sostener el funcionamiento diario de la institución.

Una necesidad que sigue existiendo

La decisión del Instituto Provincial de Vivienda no modifica la realidad que dio origen al proyecto.

El CAAD continúa necesitando ampliar sus espacios para responder a las demandas de las personas con discapacidad y de sus familias.

La institución desarrolla desde hace décadas actividades educativas, recreativas, laborales y de inclusión que constituyen un pilar fundamental para cientos de vecinos de Río Grande.

Por eso, la pérdida del terreno representa mucho más que un inconveniente inmobiliario.

Significa postergar la posibilidad de crecer.

Significa resignar un proyecto construido con esfuerzo comunitario.

Y significa, sobre todo, dejar en suspenso una obra pensada para mejorar la calidad de vida de quienes más necesitan del acompañamiento del Estado y de la sociedad.

Mientras tanto, los 5.000 bloques que alguna vez fueron comprados para levantar nuevas paredes hoy esperan encontrar compradores.

Una imagen que resume con crudeza el contraste entre la solidaridad de una comunidad que nunca dejó de acompañar al CAAD y una decisión administrativa que terminó derrumbando, al menos por ahora, uno de los proyectos más importantes de la institución.