La crisis industrial dejó de ser una discusión circunscripta a las fábricas y volvió a instalarse en el centro de la agenda de Río Grande. Los despidos y la incertidumbre que atraviesan a cientos de trabajadores comenzaron a trasladarse al conjunto de la comunidad, afectando al comercio, a los proveedores y a toda la actividad económica de una ciudad históricamente vinculada a la producción industrial.
En ese contexto, el intendente Martín Perez habló sobre la situación durante una entrevista con FM La Isla y trazó un diagnóstico particularmente crítico: la ciudad atraviesa una profunda crisis laboral y el escenario exige no solamente respuestas inmediatas para los trabajadores afectados, sino también una discusión de fondo sobre el modelo productivo que Tierra del Fuego necesita para los próximos años.
“Es muy grave lo que ha sucedido hoy”, sostuvo Pérez, al referirse a la situación generada por los despidos en el sector industrial. El Intendente puso el foco en las consecuencias sociales que exceden a cada fábrica y afirmó que “es la familia de Tierra del Fuego la que queda en incertidumbre”.
“Detrás de cada trabajador que pierde su empleo hay una familia fueguina que queda en la incertidumbre. En definitiva, la comunidad completa termina recibiendo el golpe”, planteó.
El jefe comunal volvió a señalar al Gobierno nacional como uno de los principales responsables del deterioro que atraviesa la industria fueguina.
A su entender, las medidas implementadas por la administración de Javier Milei conforman un modelo económico que golpea particularmente a Tierra del Fuego a partir de la apertura de importaciones y la pérdida de mecanismos de protección para la industria nacional.
Para el Intendente, el problema no se reduce a una fábrica ni a una decisión empresarial puntual. Lo que está en discusión, sostuvo, es la continuidad de un entramado industrial que durante décadas permitió que Río Grande se consolidara como uno de los principales polos productivos de la Patagonia.
Pero el diagnóstico de Pérez no apuntó exclusivamente al Gobierno nacional.
El Intendente también planteó una discusión sobre el comportamiento de determinadas empresas frente a la crisis y cuestionó que los trabajadores terminen siendo la primera variable de ajuste cuando aparecen dificultades económicas.
“Hay parte de responsabilidades de las empresas, de ciertas empresas que han ganado mucho dinero y que no coparticipan las pérdidas de alguna manera, y las ganancias siempre son para el empresario”, sostuvo.
En ese sentido, consideró necesario revisar una lógica que, según planteó, coloca inmediatamente sobre los trabajadores el costo de las crisis empresariales.
“Se ha demostrado cabalmente que para las fábricas fueguinas la variable de ajuste inmediata son los salarios y los trabajadores”, afirmó.
Y contrapuso esa situación con una definición que ya había planteado públicamente: “Nunca la ganancia”.
La discusión, para Pérez, debe ser más profunda y exceder la coyuntura de los despidos actuales. “Me parece que es parte de empezar a dar esta discusión seriamente, porque forma parte también del modelo de provincia que queremos consolidar a lo largo de los próximos años”, explicó.
La magnitud del problema quedó reflejada en uno de los relatos que el propio Intendente compartió durante la entrevista.
Pérez contó que desde las primeras horas de la mañana recibió mensajes de vecinos y trabajadores que se dirigían a las fábricas sin saber siquiera si podrían ingresar a sus puestos de trabajo.
“Me transmitieron la incertidumbre que tenían, de no saber si iba a poder marcar la tarjeta y pasar el molinete para poder ingresar a trabajar o si una máquina los iba a rechazar”, relató.
Para el jefe comunal, esa situación constituye una muestra del nivel de incertidumbre que atraviesa actualmente a la ciudad.
“Es realmente triste tener que observar en nuestra ciudad, una ciudad que supo ser una ciudad pujante, con mucha fuerza de sus trabajadores, que hoy nuestra gente tenga que estar padeciendo esta tortura”, sostuvo.
El impacto, además, no queda encerrado dentro de las plantas industriales. Pérez advirtió que la caída del empleo industrial ya repercute sobre el comercio y sobre el conjunto de la economía local.
“Esa destrucción de la industria nacional y nuestros trabajadores está impactando en toda actividad económica y comercial de nuestra ciudad”, afirmó.
Y fue contundente al describir el escenario: “Fíjense cómo está el comercio, está deprimido”.
Frente a la dimensión de la crisis, Pérez marcó los límites de la capacidad de respuesta del Estado municipal.
“No hay municipio que pueda resolver esto directamente”, sostuvo, aunque remarcó que desde la administración local se busca mantener una “rueda de contención” para acompañar y asistir a quienes atraviesan situaciones de vulnerabilidad.
La definición tiene una fuerte lectura política: para el Intendente, la crisis industrial requiere respuestas que exceden las herramientas de un municipio y demanda una discusión mucho más amplia entre el Estado provincial, el sector empresario, los trabajadores y los distintos actores políticos y sociales.
Pero también implica, según su mirada, dejar de esperar exclusivamente una solución proveniente del Gobierno nacional.
Uno de los puntos más relevantes de la entrevista apareció cuando Pérez planteó que Tierra del Fuego debe comenzar a discutir seriamente cómo reducir su dependencia de los cambios de orientación de cada gobierno nacional.
“Los fueguinos en general hemos venido descansando en que el Gobierno nacional de turno, la Nación, tiene que venir y resolver nuestros problemas. Bueno, eso se terminó”, afirmó.
Para el Intendente, esa situación no debería generar incertidumbre sino convertirse en un incentivo para comenzar a diseñar una estrategia propia.
“Esto no nos tiene que generar incertidumbre, sino que nos tiene que motivar a que nosotros empecemos seriamente a pensar un modelo de desarrollo para Tierra del Fuego, en donde podamos ir paulatinamente perdiendo dependencia de las políticas nacionales”, sostuvo.
La propuesta no implica, aclaró, desligar a la provincia del proyecto nacional, sino fortalecer su capacidad para definir su propio rumbo productivo.
“Somos parte de un país, de una Argentina bicontinental. Ahora, dentro de esa Argentina bicontinental, yo por lo menos quiero que nuestra provincia tenga un protagonismo por lo que es y no por lo que le imponen”, afirmó.
Pérez también reconoció que discutir una nueva matriz productiva no es una tarea sencilla.
La industria electrónica y metalúrgica concentra una enorme cantidad de trabajadores y ninguna reconversión puede generar resultados inmediatos. Por eso, consideró que el debate debe estar acompañado por planificación, financiamiento y una estrategia de largo plazo.
“Para tratar de reconvertir desde el punto de vista de la mano de obra intensiva, esto implica sentarnos a pensar cómo vamos a desarrollar hacia el futuro nuestra industria electrónica”, explicó.
Como ejemplo, mencionó el caso de los televisores y la competencia que enfrenta la producción fueguina frente a productos importados.
Pérez advirtió además sobre el riesgo de repetir experiencias de otras etapas de la historia económica argentina, cuando empresas que producían localmente terminaron reemplazando producción y empleo por importaciones.
“Esto ya lo hemos vivido en Argentina”, recordó, al referirse a la década del 90 y a la posibilidad de que empresas que antes producían localmente terminen dedicándose principalmente a importar.
La situación de Mirgor y los despidos registrados en el sector industrial volvieron a colocar a Río Grande frente a una discusión que excede ampliamente a una empresa.
Para Martín Perez, el desafío inmediato es defender los puestos de trabajo y lograr que los mecanismos institucionales permitan revertir los despidos, pero el problema de fondo requiere algo más: discutir qué industria quiere Tierra del Fuego, qué rol tendrá el Estado, qué responsabilidades deberán asumir las empresas y cómo se construirá una economía capaz de resistir los cambios de rumbo de la política nacional.
“Espero que esta situación se revierta pronto, que se puedan reincorporar esos trabajadores y que funcionen los mecanismos que hay que implementar”, afirmó.
Pero su planteo fue más allá de la coyuntura.
La crisis industrial, en su mirada, puede convertirse también en un punto de inflexión para Tierra del Fuego: la oportunidad de dejar de reaccionar frente a cada crisis y comenzar a construir una planificación productiva propia.
Porque en Río Grande ya no se discute solamente qué ocurrirá con una fábrica.
Se discute qué ocurrirá con una ciudad cuyo desarrollo, durante décadas, estuvo íntimamente ligado al trabajo industrial.
Y, detrás de esa discusión, aparece una pregunta inevitable: ¿qué modelo de provincia quiere construir Tierra del Fuego cuando el empleo y la industria ya no pueden seguir esperando las decisiones que se toman a cientos de kilómetros de distancia?