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San Martín: de cruzar los Andes a morir en el exilio, la historia del hombre detrás del mito - Red 23 Noticias - Tierra del Fuego

GENERALES | 17 AGO 2026

17 DE AGOSTO

San Martín: de cruzar los Andes a morir en el exilio, la historia del hombre detrás del mito

A 176 años de su muerte, la figura de José de San Martín continúa atravesando la historia argentina y americana. Murió lejos de la tierra que había ayudado a liberar, después de un largo exilio europeo. Recién tres décadas más tarde sus restos regresaron a Buenos Aires. Entre la historia y el mito, su vida revela a un militar extraordinario, pero también a un hombre que eligió alejarse del poder cuando entendió que las luchas internas podían poner en riesgo el proyecto de emancipación.




Hay una imagen que resume una de las grandes paradojas de la historia argentina: el hombre que cruzó los Andes, liberó Chile y contribuyó decisivamente a la independencia del Perú murió lejos de su Patria.

José Francisco de San Martín falleció el 17 de agosto de 1850, a los 72 años, en su residencia de Boulogne-sur-Mer, Francia. No murió rodeado por los homenajes que décadas después convertirían su nombre en sinónimo de libertad. Murió en compañía de su hija Mercedes, su yerno Mariano Balcarce, sus nietas, el representante chileno Francisco Javier Rosales y el médico que lo asistió en sus últimas horas.

Habían pasado muchos años desde aquella extraordinaria campaña que lo llevó desde Mendoza hasta Chile y luego hasta el Perú. Para entonces, el Libertador llevaba buena parte de su vida alejado de la política argentina.

Y esa decisión de apartarse constituye uno de los aspectos menos conocidos de su historia.

El Libertador que eligió el exilio

Después de sus campañas americanas, San Martín regresó a Europa. En 1824 partió nuevamente junto a su hija Mercedes, que tenía apenas siete años. Vivió en Gran Bretaña, Bélgica y Francia, mientras observaba desde la distancia las disputas políticas que atravesaban a las Provincias Unidas.

Intentó regresar.

En 1829 volvió hacia Buenos Aires, pero encontró un país atravesado por enfrentamientos políticos y violencia. Finalmente decidió no desembarcar y permaneció unos días en Montevideo antes de regresar definitivamente a Europa.

Desde entonces, San Martín nunca volvió a pisar suelo argentino.

Su alejamiento no significó indiferencia. Desde Europa continuó siguiendo los acontecimientos de América y mantuvo correspondencia con figuras políticas de la época. Incluso durante sus últimos años manifestó preocupación por la soberanía y por el destino de las naciones que había contribuido a independizar.

El hombre detrás de la leyenda

La historia escolar construyó durante generaciones una imagen casi perfecta del Libertador: el caballo, el sable corvo, la Cordillera, los Granaderos y la frase “Seamos libres, que lo demás no importa nada”.

Pero detrás de esa figura monumental existió un hombre atravesado por conflictos políticos, decisiones difíciles, enfermedades, dificultades económicas y profundas contradicciones propias de su época.

Incluso su relación con la política argentina continúa siendo objeto de debate entre historiadores. Su enfrentamiento con Bernardino Rivadavia, sus vínculos políticos, su relación con la masonería y su postura frente a las luchas entre unitarios y federales forman parte de una historia mucho más compleja que la imagen del prócer de los manuales escolares.

Por eso, el San Martín histórico resulta todavía más interesante que el San Martín convertido en estatua.

Una hazaña que comenzó mucho antes de cruzar los Andes

El Cruce de los Andes no fue una aventura improvisada.

En enero de 1817, el Ejército de los Andes inició una operación militar cuidadosamente planificada. La fuerza estaba integrada por 5.424 hombres, además de miles de animales y una enorme estructura logística.

Según los datos difundidos este lunes por Noticias Argentinas, la expedición utilizó aproximadamente 10.600 mulas y 1.600 caballos. La organización incluía infantería, caballería, artillería, auxiliares, zapadores y personal sanitario.

Pero la verdadera genialidad de San Martín estuvo en comprender que no podía vencer al enemigo simplemente por cantidad.

Necesitaba engañarlo.

Su estrategia incluyó espionaje, información falsa y movimientos destinados a hacer creer a los realistas que el ataque principal llegaría por otros lugares.

La denominada “Guerra de Zapa” fue fundamental. Uno de los episodios más sorprendentes fue el protagonizado por José Antonio Álvarez Condarco, quien atravesó la Cordillera, llegó a Chile y regresó por otra ruta utilizando su extraordinaria memoria para reconstruir los caminos y elaborar mapas.

San Martín también utilizó información falsa para confundir a los españoles.

Mientras pequeñas columnas avanzaban por distintos sectores de la Cordillera, las fuerzas principales ingresaron por los pasos de Los Patos y Uspallata.

El resultado fue contundente: el 12 de febrero de 1817, el triunfo en Chacabuco abrió el camino para la liberación de Chile.

La hazaña no terminó allí.

San Martín comprendía que la independencia de las Provincias Unidas no estaría asegurada mientras el poder español conservara su principal bastión en el Perú.

Por eso su proyecto fue continental.

San Martín y Bolívar: el encuentro que quedó envuelto en misterio

Uno de los episodios más discutidos de la historia americana fue el encuentro entre San Martín y Simón Bolívar en Guayaquil, en 1822.

Ambos habían llegado a un punto decisivo de sus campañas libertadoras. Sin embargo, después de aquella reunión San Martín abandonó el escenario militar peruano y Bolívar continuó la campaña.

¿Qué hablaron exactamente?

No existe una transcripción del encuentro.

Ese vacío documental alimentó durante generaciones todo tipo de interpretaciones y convirtió la entrevista de Guayaquil en uno de los grandes enigmas de la independencia americana.

Lo que sí ocurrió después es conocido: San Martín se retiró y Bolívar continuó la lucha que terminaría consolidando la independencia del Perú.

Más allá de las diferentes interpretaciones históricas, la decisión de San Martín volvió a mostrar una característica que atravesó su vida: no parecía dispuesto a convertir la emancipación americana en una disputa personal por el poder.

El sable que terminó en manos de Rosas

Otro episodio poco conocido aparece en sus últimos años.

San Martín conservó hasta su vejez el célebre sable corvo utilizado durante las campañas libertadoras. En su testamento decidió legárselo a Juan Manuel de Rosas, como reconocimiento por su actuación durante el conflicto con las potencias anglofrancesas y la defensa de la soberanía argentina.

Después de la muerte de San Martín, el sable quedó en manos de la familia Rosas y finalmente fue donado al Museo Histórico Nacional.

La pieza tuvo después una historia propia, marcada incluso por su apropiación durante los años de la Resistencia Peronista, hasta regresar finalmente al patrimonio histórico nacional.

Las “Máximas” y el San Martín padre

Existe también un San Martín íntimo, mucho menos relacionado con las batallas.

Durante su vida europea escribió para su hija Mercedes las conocidas “Máximas para Merceditas”, un conjunto de recomendaciones sobre conducta y valores.

Allí aparece un padre preocupado por transmitirle principios como la humanidad, la verdad, el respeto, la modestia y el amor por los demás.

Es quizás una de las imágenes más humanas del Libertador: después de haber diseñado campañas militares de enorme complejidad, dedicaba parte de sus últimos años a educar a su hija y acompañar a sus nietas.

La muerte en Boulogne-sur-Mer

El 17 de agosto de 1850, San Martín murió en su casa de Boulogne-sur-Mer.

Tenía 72 años.

Murió lejos de Buenos Aires, lejos de Mendoza y lejos de los escenarios donde había construido su gloria.

Su cuerpo fue sepultado inicialmente en Francia.

Pero había dejado expresada su voluntad de que su corazón descansara en Buenos Aires. Finalmente, treinta años después de su muerte, sus restos fueron repatriados a la Argentina.

En 1880 llegaron a Buenos Aires a bordo del vapor Villarino y fueron depositados en el mausoleo construido en la Catedral Metropolitana, donde permanecen hasta hoy.

Desde entonces, dos Granaderos custodian permanentemente su tumba.

¿Dónde termina el mito y comienza la historia?

San Martín fue convertido en símbolo.

Pero los símbolos también pueden ocultar al hombre.

La historia real muestra a un militar que tuvo dudas, enemigos, enfermedades y dificultades económicas. A un dirigente que discutió con otros líderes de la revolución. A un hombre que decidió abandonar la política argentina cuando consideró que las luchas internas podían destruir aquello por lo que había combatido.

También muestra a un estratega capaz de planificar durante meses una operación militar que todavía sorprende por su precisión.

A un hombre que cruzó una de las geografías más difíciles del continente con miles de hombres y animales.

A un Libertador que, después de alcanzar la gloria, eligió no quedarse con el poder.

Y quizás allí se encuentre una de las razones por las que su figura sobrevivió a las generaciones.

176 años después, San Martín sigue interpelando

Cada 17 de agosto la Argentina vuelve a pronunciar su nombre.

Pero recordar a San Martín no debería limitarse a repetir que fue el Padre de la Patria.

Su vida plantea preguntas que siguen siendo actuales: ¿qué significa poner el interés colectivo por encima de la ambición personal? ¿Qué significa defender la soberanía? ¿Qué precio tiene la libertad? ¿Y qué ocurre cuando quienes construyeron una nación deben contemplar desde lejos las disputas internas de su propia tierra?

San Martín murió en Francia.

Su cuerpo tardó treinta años en regresar.

Pero su legado no necesitó de un mausoleo para volver a la Argentina.

Quedó en las montañas que atravesó, en Chile y Perú, en los Granaderos que todavía custodian su memoria y, sobre todo, en una idea que atravesó toda su vida: la independencia no era solamente una bandera. Era la posibilidad de que los pueblos pudieran decidir su propio destino.

Por eso, 176 años después de su muerte, el Libertador de América sigue siendo mucho más que una fecha del calendario.

San Martín no regresó físicamente de su exilio. Pero la historia se encargó de traerlo de vuelta.

Y desde 1880, su corazón y sus restos descansan finalmente en la tierra por la que había decidido luchar.