El conflicto que atraviesa a Mirgor en Río Grande ingresó en una etapa decisiva.
Con una conciliación obligatoria que vence el 31 de agosto, el CEO de la compañía, José Luis Alonso, salió públicamente (en una entrevista en a TVP Noticias) a explicar la posición de la empresa y dejó una definición que concentra buena parte de la incertidumbre: los alrededor de 300 trabajadores que fueron reincorporados tras las desvinculaciones seguirán en sus puestos mientras dure la conciliación, pero su continuidad después de esa fecha dependerá del resultado de la negociación con la UOM.
“Depende de la UOM”, respondió Alonso cuando fue consultado específicamente sobre qué ocurrirá con esos trabajadores a partir del 1° de septiembre.
La declaración agrega tensión a un conflicto que ya tuvo despidos, reincorporaciones, medidas de fuerza y una intervención del Ministerio de Trabajo provincial.
Uno de los principales puntos que Alonso buscó despejar fue la versión de que la empresa pretende avanzar sobre los salarios de los trabajadores.
“A la gente se le ha mentido, se le ha dicho que Mirgor quería bajar el sueldo cuando esto no existía”, afirmó.
Según explicó, la empresa presentó 12 puntos de mejora para modificar aspectos vinculados al funcionamiento de las plantas, aunque sostuvo que solamente dos tendrían impacto directo sobre los trabajadores actualmente activos.
Entre ellos mencionó el ausentismo y la conflictividad laboral.
“Lo que está pidiendo Mirgor es confiabilidad operativa y productividad, nada más”, sostuvo el CEO.
Alonso afirmó además que la compañía viene planteando desde hace casi dos años la necesidad de discutir cambios en los procesos productivos para mejorar la competitividad.
El CEO de Mirgor aseguró que la empresa llegó a registrar jornadas con 180 o 200 trabajadores ausentes y consideró al ausentismo como “un flagelo”.
La propuesta empresarial, según explicó, apunta a establecer un nivel de ausentismo considerado aceptable del 2,4%.
Alonso aclaró que las situaciones médicas justificadas son contempladas por la empresa, pero cuestionó lo que considera un uso abusivo de certificados.
“Está el trabajador que tiene una afectación médica y nosotros lo consideramos como tal y se respeta. Pero después está seguramente aquel trabajador que en seis meses presentó ocho certificados médicos diferentes”, afirmó.
La discusión sobre el ausentismo se suma así a uno de los principales reclamos empresariales: reducir las interrupciones en la producción.
Otro de los cuestionamientos de Mirgor está dirigido directamente a las medidas de fuerza.
Alonso aseguró que durante 2026 la empresa sufrió más de 25 días de paros y ceses de actividades, contabilizando también asambleas, interrupciones parciales y medidas de distinta duración.
“No hay empresa en el mundo que pueda ser eficiente y competitiva teniendo tantísimas pérdidas de productividad y pérdidas de producción”, sostuvo.
El ejecutivo cuestionó además que la planta haya quedado alcanzada por medidas de fuerza relacionadas con conflictos que, según su interpretación, no estaban directamente vinculados con Mirgor.
“Acá se ha parado por la ley de tierras, acá se ha parado por un proceso de aire acondicionado donde Mirgor no produce aire acondicionado domiciliario”, señaló.
Para Alonso, ese esquema de conflictividad afecta directamente la capacidad de la compañía para cumplir con sus clientes.
Otro de los puntos que atraviesa el conflicto es el premio anual.
Alonso aseguró que Mirgor comenzó a pedir formalmente la discusión sobre el premio correspondiente a 2026 desde noviembre del año pasado y que volvió a plantearlo en diciembre y enero.
“Mirgor nunca negó la discusión sobre el premio anual”, afirmó.
Según explicó, el premio puede representar aproximadamente entre uno y dos salarios, sujeto al cumplimiento de determinados objetivos de producción y desempeño.
El problema, según la empresa, es que las interrupciones de producción dificultan el cumplimiento de esos objetivos.
“¿Cómo discuto yo con un gremio en esta situación?”, planteó Alonso.
Uno de los puntos más delicados de la entrevista fue la situación de los trabajadores que habían sido despedidos y luego reincorporados a partir de la conciliación obligatoria.
Alonso aseguró que Mirgor acató la medida dictada por el Gobierno provincial y reincorporó a los trabajadores, incluidos los delegados.
Los delegados, explicó, fueron licenciados mientras continúa la negociación.
Pero cuando fue consultado sobre qué sucederá después del 31 de agosto, el CEO volvió a ser categórico:
“Depende de la UOM”.
Alonso aseguró que la empresa tiene voluntad de mantener los puestos de trabajo, pero condicionó esa continuidad al resultado de las negociaciones.
Incluso sostuvo que Mirgor no pretende reducir la cantidad de puestos de trabajo y que mantiene alrededor de 300 trabajadores vinculados a esa operación.
La entrevista también llevó el conflicto a una discusión mucho más amplia: qué tipo de industria puede sostener Tierra del Fuego frente al avance de los productos importados.
Alonso sostuvo que las dificultades no se limitan a Mirgor y que existe una caída de las ventas de productos fabricados en Argentina y particularmente en Tierra del Fuego.
“La realidad es que la gente ya no quiere comprar nuestros productos porque son caros”, afirmó.
En ese escenario, defendió la necesidad de aumentar la productividad y modificar procesos.
“Tenemos que aprender a ser competitivos”, sostuvo.
Y agregó una definición de fuerte contenido político y económico:
“Si realmente alguien quisiera que la industria fueguina desapareciera, ya hubieran terminado con la 19640”.
Para Alonso, el régimen de promoción industrial continúa vigente, pero ya no alcanza por sí solo.
“No queremos llenar la estantería de productos importados, queremos fabricar”, afirmó.
El CEO de Mirgor también cuestionó duramente a la conducción sindical de Río Grande.
“La única manera que entiende el gremio de Río Grande que uno puede discutir algo con la empresa es vía el conflicto”, afirmó.
Y fue todavía más lejos:
“La UOM de Río Grande no tiene la capacidad de dialogar, porque lo único que entiende como herramienta de negociación es la extorsión y el conflicto”.
Se trata, naturalmente, de una caracterización realizada por el máximo ejecutivo de la empresa y que seguramente tendrá respuesta desde la organización sindical.
Alonso sostuvo que, a su criterio, la conflictividad constituye actualmente la principal amenaza para la continuidad laboral.
“La amenaza número uno está en la manera con la que nosotros nos relacionamos en Tierra del Fuego, específicamente en Río Grande. No se puede vivir de la conflictividad”, afirmó.
El calendario marca ahora el próximo punto de inflexión.
La conciliación obligatoria llega a su vencimiento el 31 de agosto y las partes deberán definir si logran avanzar hacia un entendimiento.
Mientras tanto, los trabajadores reincorporados permanecen dentro de la planta y la empresa sostiene que está dispuesta a continuar negociando.
Alonso aseguró que está disponible “24-7” para dialogar y que Mirgor pretende mantener las fuentes laborales.
Pero dejó también un mensaje que sintetiza la posición empresarial:
“Mirgor no quiere perjudicar a nadie. Mirgor lo que quiere es que no dependamos de ningún mago para que nosotros sigamos subsistiendo”.
La discusión ya no parece limitarse al premio anual o a un conflicto puntual.
Sobre la mesa aparecen productividad, ausentismo, modalidades de trabajo, conflictividad, salarios, competitividad, importaciones y, sobre todo, la continuidad de cientos de puestos laborales en una industria que atraviesa uno de sus momentos más complejos.
El 31 de agosto será, en ese sentido, mucho más que una fecha administrativa.
Será el momento en que se sabrá si empresa y sindicato consiguen transformar el conflicto en un acuerdo o si Río Grande vuelve a quedar frente a un nuevo escenario de incertidumbre laboral.