Garófalo explicó que la crisis atraviesa especialmente al sector textil, donde durante 2026 se registra una fuerte retracción de la actividad. “Es una combinación de factores”, señaló, al mencionar entre los principales problemas la caída del consumo y el crecimiento de la oferta importada.
A ese escenario sumó el avance de las plataformas internacionales, principalmente de origen chino, que están ganando cada vez más participación dentro del mercado local. Según indicó, en el rubro de confección ya representarían alrededor del 40% del mercado, profundizando las dificultades de los fabricantes argentinos para competir.
El empresario remarcó que una recuperación industrial requiere necesariamente una mejora del poder adquisitivo de la población, que permita reconstruir la demanda, pero también un fuerte incremento de la productividad. Al mismo tiempo, reclamó controles frente a mercadería que pueda ingresar al país mediante mecanismos de subfacturación.
Uno de los puntos más críticos aparece a la hora de pensar en nuevas inversiones. “Sin certidumbre nadie invierte”, sostuvo Garófalo, al advertir que la falta de reglas claras impide que las empresas renueven equipamiento, incorporen tecnología y puedan competir frente a productos fabricados en otros países.
En ese sentido, cuestionó que la apertura de importaciones, el incremento de los costos energéticos y una política cambiaria restrictiva se hayan aplicado prácticamente de manera simultánea. Para Garófalo, una reconversión industrial real no puede hacerse de un día para otro y requiere procesos que pueden demandar entre 10 y 20 años.
La situación de Tierra del Fuego suma además dificultades propias. Garófalo recordó que el sector textil fueguino viene atravesando años de incertidumbre regulatoria y aseguró que desde los niveles máximos de ocupación se perdieron alrededor de 800 a 850 puestos de trabajo.
El panorama de las fábricas que todavía permanecen activas también resulta preocupante. Algunas plantas estarían operando con hasta un 80% de capacidad ociosa, una muestra del deterioro que atraviesa una estructura productiva construida durante décadas.
Garófalo sostuvo que sería un error desperdiciar 50 años de inversión pública y privada vinculada al régimen industrial fueguino y planteó que el sector está dispuesto a discutir una reconversión, aunque reclamó que se haga con reglas previsibles y sin destruir en el camino empresas, empleo y capacidad productiva.
La preocupación ya excede incluso a las fábricas. El referente empresarial advirtió que la pérdida sostenida de puestos laborales podría estar comenzando a provocar la salida de habitantes de Tierra del Fuego por falta de oportunidades, una situación que históricamente no era habitual en una provincia caracterizada por atraer trabajadores.
“Tenemos problemas en serio; sentémonos a ver cómo hacemos para reconvertir la industria fueguina, pero sobre bases ciertas y no dejando un tendal en el camino”, planteó Garófalo, sintetizando un diagnóstico donde el consumo continúa deprimido, las inversiones permanecen frenadas y la industria corre el riesgo de quedar cada vez más atrás.