La dificultad de las familias argentinas para hacer frente a sus deudas continúa en niveles históricamente elevados.
Los datos correspondientes a agosto muestran que la irregularidad de los créditos bancarios otorgados a los hogares se ubicó en 12,8%, apenas por debajo del 12,9% registrado en julio, cuando había alcanzado el nivel más alto en más de dos décadas.
La reducción de apenas una décima difícilmente pueda interpretarse como una normalización. En octubre de 2024, la mora familiar se encontraba en torno al 2,5%. Es decir que actualmente continúa en un nivel más de cinco veces superior.
Mientras tanto, la morosidad de las empresas aumentó de 3,6% a 3,8% y el indicador general del sector privado permaneció en 7,7%.
La fotografía muestra una economía en la que el acceso al crédito permitió durante meses compensar parcialmente la pérdida del poder adquisitivo, pero donde una cantidad creciente de hogares comenzó a encontrar dificultades para devolver lo que tomó prestado.
El fenómeno tiene una expresión particularmente fuerte en Tierra del Fuego.
Según los datos actualizados a julio de 2026 del Mapa de la Deuda, en la provincia existen 102.981 personas con algún tipo de obligación financiera.
De ellas, 28.133 registran al menos una deuda en mora.
Eso significa que el 27,3% de los fueguinos endeudados presenta algún incumplimiento, es decir, algo más de uno de cada cuatro.
La dimensión económica también resulta considerable.
Entre Río Grande, Ushuaia y Tolhuin se acumulan aproximadamente $878.700 millones en deudas, de los cuales alrededor de $179.400 millones ya presentan incumplimientos.
En términos de dinero, cerca del 20% de todo lo adeudado en la provincia está en mora.
La situación adquiere todavía mayor relevancia en Río Grande.
La ciudad registra 55.609 personas endeudadas, de las cuales 16.660 están en mora.
Eso significa que prácticamente tres de cada diez deudores de Río Grande tienen alguna obligación impaga.
Además, la ciudad concentra alrededor del 59% de todas las personas en mora de Tierra del Fuego, aunque reúne aproximadamente el 54% del total de deudores provinciales.
Ushuaia, por su parte, registra 47.008 personas endeudadas y 11.330 con incumplimientos, mientras que Tolhuin presenta una cantidad mucho menor en términos absolutos.
Otro dato llamativo está en la edad.
Cerca del 70% de los fueguinos que presentan mora tiene 45 años o menos. Entre los endeudados menores de 25 años, el porcentaje de personas con atrasos supera el 38%, mientras que entre quienes tienen entre 26 y 35 años se ubica por encima del 37%.
Es decir, el problema golpea particularmente a las generaciones que se encuentran en plena etapa laboral, de formación de una familia, alquiler o adquisición de bienes.
La gravedad del escenario también fue admitida por el propio Banco de Tierra del Fuego.
A fines de agosto, su presidente Adrián Cosentino habló de una “asfixia financiera de buena parte de las familias” y explicó que el endeudamiento ya no está relacionado únicamente con la compra de bienes durables.
Según sostuvo, muchas personas están recurriendo al crédito para cubrir necesidades básicas.
El BTF lanzó por ese motivo distintas herramientas de refinanciación.
Entre ellas aparecen planes para personas con atrasos de hasta 60 días y programas específicos para quienes ya acumulan más de dos meses de mora. En los casos más comprometidos, el Banco ofrece hasta 10 años para reordenar la deuda y seis meses de gracia antes de comenzar a pagar.
La entidad también redujo tasas de tarjetas y préstamos personales. Las medidas alcanzan, entre otros, a unos 30.000 usuarios de Tarjeta Fueguina.
Durante 2026, el Banco informó además haber destinado más de $17.800 millones para asistir a 1.300 familias en una primera etapa y otros $26.000 millones en herramientas de alivio y reordenamiento que pueden alcanzar a más de 3.300 hogares.
El problema de la morosidad va mucho más allá de los bancos.
Cuando una familia destina una proporción creciente de sus ingresos al pago de tarjetas, préstamos y refinanciaciones, disminuye automáticamente el dinero disponible para alimentos, indumentaria, servicios, recreación o cualquier otro consumo.
Y cuando eso sucede simultáneamente en miles de hogares, el efecto llega al comercio.
Menos consumo implica menos ventas.
Menos ventas significan menor actividad para comercios y empresas.
Y una economía con menor movimiento tiene mayores dificultades para sostener empleo.
En Tierra del Fuego, donde más de 100 mil personas ya poseen algún tipo de deuda y más de 28 mil presentan incumplimientos, esa cadena dejó de ser una posibilidad teórica.
Es una realidad que ya forma parte de la economía cotidiana de miles de hogares fueguinos.
El crédito, que durante mucho tiempo permitió sostener consumos frente a ingresos insuficientes, empieza a mostrar su otra cara: cada vez más familias deben destinar buena parte del salario a pagar compromisos anteriores y, para decenas de miles, ni siquiera eso alcanza para mantenerse al día.
Este enfoque te permite además conectar muy bien la nota nacional con la realidad de Río Grande, porque el dato de las 16.660 personas en mora y el 59% del total provincial es probablemente el elemento local de mayor impacto.