El Tedeum por el 25 de Mayo celebrado en la Catedral Metropolitana de Buenos Aires dejó este año un fuerte mensaje social y político. El arzobispo Jorge Ignacio García Cuerva aprovechó la homilía para lanzar un llamado urgente a recomponer el tejido social y condenar la indiferencia ante el sufrimiento de millones de argentinos. Sus palabras resonaron con fuerza frente al presidente Javier Milei y su gabinete, presentes en el acto oficial.
“La Argentina sangra”, afirmó el prelado, al denunciar la exclusión social, el abandono de los jubilados, el avance del narcotráfico y la desigualdad entre quienes trabajan y “quienes han vivido de privilegios que los alejaron de la calle”.
Uno de los pasajes más destacados de su mensaje fue dedicado a los adultos mayores: “Los jubilados merecen una vida digna, con acceso a los remedios y a la alimentación. Es una herida que sangra hace años y que como sociedad tenemos que curar pronto”.
Críticas al clima social y político
García Cuerva también apuntó contra “el terrorismo de las redes sociales” y la cultura del odio: “La descalificación, la agresión constante y la difamación parecen moneda corriente. No podemos construir una nación desde la guerra entre nosotros”.
En esa línea, pidió recuperar el diálogo, la empatía y la cultura del encuentro: “El que tengo al lado es un hermano, no un enemigo. Manos a la obra, pero unidos como pueblo, más allá de las diferencias”.
Desencanto y pobreza
Al referirse al actual contexto económico y social, el arzobispo planteó que “la situación actual no permite más espectadores” y destacó el impacto de la pobreza, que afecta a más del 38% de la población: “Muchos buscan qué comer en la basura. Pero también hay hambre de sentido, de Dios, de humanidad”.
También expresó su preocupación por el desinterés creciente en la participación democrática: “Años de promesas incumplidas nos hicieron perder las ganas de votar. Sentimos que nada cambia. Nos mintieron muchas veces”.
Un mensaje directo al poder
En el tramo final de su homilía, García Cuerva miró de frente a los funcionarios presentes y lanzó un mensaje claro: “Las decisiones y las políticas públicas tienen que tener rostros concretos. No se gobierna desde la indiferencia ni con estadísticas”.
Y concluyó: “Las nuevas generaciones merecen que les dejemos un país curado, reconciliado, con horizonte. No los defraudemos”.