

El encarecimiento del crédito, sumado a la crisis económica y la pérdida del poder adquisitivo de los salarios, está dejando a miles de familias atrapadas en un ahogo financiero que se refleja en la creciente morosidad con las tarjetas de crédito y los préstamos personales.
Las tasas nominales anuales para financiar saldos impagos en tarjetas rondan entre el 76% y el 90%, pero con impuestos y cargos adicionales el Costo Financiero Total (CFT) supera holgadamente el 100%. En el caso de los préstamos personales, el panorama es todavía peor: un crédito a cuatro años puede implicar un CFT de más del 140%, incluso para clientes con buen historial crediticio.
Cada punto adicional de interés se convierte en una carga imposible de trasladar y que recae íntegramente sobre los bolsillos familiares. A esto se suma la presión impositiva, que incrementa aún más el valor de la deuda final.
El efecto más peligroso de este escenario es el de la bola de nieve financiera: miles de usuarios que solo abonan el pago mínimo de la tarjeta quedan atrapados en un ciclo donde los intereses duplican o triplican el capital original. Así, una deuda que parecía manejable termina transformándose en un compromiso a años vista, con cuotas cada vez más pesadas e imposibles de sostener.
La situación no golpea a todos por igual. Quienes cuentan con ingresos estables pueden negociar condiciones algo más favorables, pero los trabajadores informales, los asalariados con haberes bajos o inestables y quienes ya venían con atrasos son los más expuestos al impacto del sobreendeudamiento.
El aumento de la mora no solo refleja el peso del costo financiero, sino también la fragilidad de los ingresos reales. Con más de la mitad de la población bancarizada, cada vez más familias dependen del crédito para acceder a bienes básicos. Pero el encarecimiento del financiamiento está empujando a una caída del consumo, especialmente en productos de primera necesidad.
Las proyecciones privadas anticipan que la morosidad seguirá creciendo en lo que resta del año. La política oficial de mantener tasas elevadas para contener el dólar se traduce en un golpe directo a los hogares, que ven cómo el crédito deja de ser una herramienta de acceso y se convierte en un riesgo mayúsculo.
En este contexto, el desafío para las familias argentinas es sobrevivir a una economía donde el dinero no alcanza, las deudas se multiplican y consumir lo básico ya es un lujo.