La exposición —organizada por la diputada Marilú Quiroz— fue rápidamente desmentida por especialistas en física, biología y organismos internacionales de salud, quienes reiteraron que no existe ninguna evidencia científica que vincule las vacunas con efectos magnéticos en la piel.
Lejos de cualquier conspiración, lo que se vio en el Congreso tiene explicación científica. Distintos expertos consultados por organismos de verificación como Chequeado aclararon que la supuesta adherencia de metales al cuerpo es producto de un fenómeno físico conocido como tensión superficial: una combinación de humedad y grasas naturales presentes en la piel que permiten sostener objetos livianos, sin importar si son metálicos o de otro material.
La doctora en Ciencias Biológicas María Noelia Lardizábal lo explicó con claridad: se trata de un fenómeno “general del cuerpo” que ocurre en personas vacunadas y no vacunadas, y que desaparece si se aplica talco o se limpia la zona.
El consenso es global y contundente.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos confirmaron desde el inicio de la pandemia que las vacunas no contienen metales pesados ni componentes magnéticos.
Incluso si hipotéticamente los tuvieran, el físico Alberto Nájera recordó que la cantidad sería tan mínima que sería imposible generar cualquier efecto de atracción.
El episodio en Diputados se suma a una cadena de teorías conspirativas que fueron desmentidas en todo el mundo. La comunidad científica coincide: atribuir magnetismo a las vacunas es un argumento sin sustento, que solo contribuye a sembrar miedo y dudas infundadas en la población.
En un contexto donde las campañas de salud pública siguen siendo clave para reducir enfermedades graves, los especialistas insisten en la importancia de informar con evidencia y combatir la desinformación con datos verificables.