jueves 01 de enero de 2026 - Edición Nº2584

Generales | 1 ene 2026

Arranca el 2026

¿Quién decidió que el año arranca en enero? La historia detrás del 1° de enero

19:33 |Cada 31 de diciembre el ritual se repite: brindis, abrazos, promesas y un conteo regresivo que marca el paso de un año al otro. Pero detrás de esa escena universal hay una pregunta que pocas veces nos hacemos: ¿por qué el año comienza exactamente el 1° de enero? La respuesta no es simple ni lineal. Involucra astronomía, política, religión y siglos de disputas por cómo medir el tiempo.


Lejos de ser una verdad eterna, el inicio del año fue cambiando a lo largo de la historia, adaptándose a las necesidades de cada sociedad y a su forma de entender el mundo.

Cuando el año no empezaba en enero

Las primeras civilizaciones no miraban el calendario como lo hacemos hoy. Para ellas, el tiempo estaba íntimamente ligado a la naturaleza. Las estaciones, las cosechas y los ciclos lunares marcaban el ritmo de la vida cotidiana. De hecho, uno de los sistemas más antiguos de medición del tiempo fue hallado en Escocia y tiene alrededor de 10.000 años, una prueba de que mucho antes de la escritura, los seres humanos ya buscaban anticipar los cambios del cielo.

En la Antigua Roma, el calendario original tenía apenas diez meses y comenzaba en marzo, cuando regresaba el calor, la agricultura volvía a activarse y el dios Marte —símbolo de la guerra y la energía vital— ocupaba un lugar central. El invierno, directamente, quedaba fuera del conteo.

Enero y febrero: una solución imperfecta

Con el paso del tiempo, ese sistema mostró graves desajustes. Para corregirlos, en el siglo VII a.C., el rey Numa Pompilio incorporó dos nuevos meses: enero y febrero. Sin embargo, el calendario seguía basándose en ciclos lunares, lo que provocaba un constante corrimiento respecto del año solar.

La confusión era tal que, en ocasiones, los meses no coincidían con las estaciones y las autoridades debían “ajustar” el calendario de manera discrecional, muchas veces con fines políticos.

Julio César y el poder de ordenar el tiempo

El gran punto de inflexión llegó en el año 45 a.C., cuando Julio César impulsó una reforma radical: el calendario juliano. Por primera vez, el año se estructuró en 365 días, siguiendo el movimiento del sol, y se fijó el 1° de enero como inicio del año.

La elección no fue casual. Enero homenajea a Jano, el dios romano de las puertas, los comienzos y las transiciones, representado con dos rostros: uno mirando al pasado y otro al futuro. Una metáfora perfecta para el cambio de año.

Siglos de desacuerdos

Aun así, la fecha del Año Nuevo no fue uniforme durante mucho tiempo. En la Europa cristiana medieval, muchos territorios celebraban el inicio del año el 25 de marzo, vinculado a la Anunciación y al inicio simbólico de la vida de Jesús. En otros lugares, el cambio de año se asociaba a festividades religiosas o ciclos agrícolas.

El calendario que usamos hoy

La estandarización definitiva llegó recién en 1582, cuando el papa Gregorio XIII introdujo el calendario gregoriano. La reforma ajustó el sistema de años bisiestos para corregir el desfase acumulado y consolidó al 1° de enero como comienzo del año en gran parte del mundo.

Desde entonces, esta fecha se convirtió en un punto de referencia global, aunque no universal. Calendarios como el chino, el judío o el islámico siguen marcando el paso del tiempo según tradiciones y ciclos propios.

Un acuerdo más humano que natural

Así, cada vez que el reloj marca la medianoche del 1° de enero, no solo comienza un nuevo año: se renueva un acuerdo colectivo construido durante miles de años. Un consenso humano para ordenar el tiempo, darle sentido al pasado y proyectar el futuro.

Porque, al final, el Año Nuevo no empieza por una ley de la naturaleza, sino por una decisión histórica que seguimos celebrando, año tras año, como si siempre hubiera sido así.

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