lunes 05 de enero de 2026 - Edición Nº2588

Generales | 4 ene 2026

BASE BELGRANO II

Capilla de hielo en la Antártida Argentina

La base Belgrano II alberga una capilla única tallada íntegramente en el suelo congelado. Bajo la advocación de Nuestra Señora de las Nieves Antárticas, el templo desafía temperaturas de cincuenta grados bajo cero y se convierte en el refugio de fe para los dotados que cumplen funciones en el confín de la Patria.


ANTARTIDA ARGENTINA.- En el sector de la Antártida Argentina funciona un centro de culto excavado en el hielo donde se desarrolla la celebración de la Santa Misa. El recinto se localiza sobre el Nunatak Bertrab, precisamente en la bahía de Vahsel, sobre la costa Confín de la Tierra de Cotas, y forma parte de las instalaciones de la Base Belgrano II dependiente del Estado Nacional.

La ubicación geográfica sitúa a este oratorio a unos 1.300 kilómetros de distancia del Polo Sur, en un entorno ambiental extremo definido por ciclos de cuatro meses de oscuridad absoluta y otros cuatro meses de luz solar ininterrumpida. Durante la prolongada noche polar, el cielo de la región ofrece el espectáculo natural de las auroras polares, que enmarcan la actividad de la base.

El espacio religioso rinde tributo a la Virgen María mediante la figura de Nuestra Señora de las Nieves Antárticas. Si bien existen otros puntos de oración en el continente blanco, esta construcción integra un listado sumamente acotado de templos operativos en latitudes tan hostiles.

Registros documentales del padre Pablo Daniel Caballero Karanik, quien desempeñó funciones como capellán castrense de la Armada Argentina, definen a este sitio como el edificio católico situado más al sur de todo el planeta. En su bitácora del año 2019, el sacerdote describió las particularidades de este enclave administrado por el Ejército Argentino.

Las tareas de mantenimiento y el envío de suministros para la capilla se ejecutan durante las campañas de verano con apoyo del personal militar. El acceso a la zona demanda el uso de un buque rompehielos, el cual debe abrirse paso a través de las densas masas congeladas del Mar de Weddell hasta alcanzar un punto cercano a los 27 kilómetros de la unidad habitada.

La historia de la Eucaristía en estas tierras cuenta con antecedentes que se remontan a mediados del siglo pasado, cuando el padre Emilio Rezzonico realizó los primeros oficios religiosos. Previamente, en 1946, el jesuita Felipe Lérida había oficiado misa en el observatorio de las Orcadas del Sur, sitio que actualmente constituye la base científica más antigua de la presencia argentina ininterrumpida en el sector.

El presbítero Caballero Karanik documentó que el 10 de enero de 1956, el padre Rezzonico celebró una ceremonia a la intemperie cerca de la antigua Base Belgrano I, hoy desaparecida bajo el avance de los glaciares. En aquella oportunidad, el rito se llevó a cabo sobre la nieve con registros térmicos de 12 grados bajo cero.

Varias décadas más tarde, el propio Caballero Karanik replicó la celebración en la actual gruta polar. El sacerdote relató que el ingreso de la luz solar durante el verano genera un fenómeno visual donde los rayos refractan en los cristales de las paredes, tiñendo el ambiente de matices azulados que propician el recogimiento espiritual de los fieles.

Una característica técnica distintiva de este templo es la presencia de un Sagrario para la reserva del Santísimo Sacramento. El responsable pastoral confirmó en su momento el resguardo de hostias consagradas en ese cofre, asegurando que el acompañamiento espiritual a la dotación se realiza de manera constante pese a las dificultades geográficas.

Desde el año 1995, el Obispado Castrense de la República Argentina cuenta con una estructura formal de Pastoral Antártica para asistir a científicos, militares y tripulaciones. Este programa coordina el traslado de ministros para las campañas y la designación de auxiliares extraordinarios de la Eucaristía entre los propios miembros de las fuerzas que invernan en el lugar.

Bajo la supervisión de monseñor Santiago Olivera, se han nombrado delegados para garantizar que el servicio religioso llegue a los puntos más distantes de la jurisdicción. La institución destaca que esta labor permite que los efectivos destacados en tierras lejanas mantengan una conexión profunda con sus convicciones y se sientan acompañados por la comunidad eclesial durante sus misiones operativas.

El recinto sagrado, coronado por un crucifijo y adornado con estaciones del Vía Crucis y una imagen de la Virgen de Luján, permanece activo incluso cuando el termómetro desciende por debajo de los 50 grados bajo cero. En ese punto donde convergen la investigación científica y la búsqueda de trascendencia, el templo se mantiene como un testimonio de la perseverancia humana frente a la inmensidad del hielo.

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