El sendero, de dificultad media y accesible para una amplia variedad de caminantes, atraviesa bosques de lengas, turbales y sectores de montaña, ofreciendo una experiencia completa de la geografía fueguina. El trayecto demanda alrededor de dos horas de caminata, y la recompensa aparece casi de golpe: la laguna se abre entre las montañas, con sus aguas de tonalidad esmeralda alimentadas por el sedimento del Glaciar Ojo del Albino.
Durante los meses de primavera y verano, el flujo de visitantes se intensifica, pero incluso en otoño e invierno el lugar mantiene una alta convocatoria. En épocas frías, el paisaje se transforma por completo: la nieve, el hielo y, en ocasiones, la laguna parcialmente congelada, convierten la caminata en una postal invernal única, siempre que se realice con el equipamiento adecuado.
La popularidad del recorrido responde a varios factores: proximidad a Ushuaia, señalización clara, contacto directo con la naturaleza y un paisaje que impacta tanto a turistas como a residentes. Familias, grupos de amigos, caminantes solitarios y visitantes de todo el país coinciden en este sendero que ya forma parte del ADN turístico de la ciudad.
Autoridades y guías locales remarcan la importancia de respetar el entorno, no dejar residuos, evitar el uso de parlantes y cumplir los horarios recomendados de ingreso, especialmente en invierno, para garantizar una experiencia segura y preservar una de las reservas naturales más visitadas de la región.
Convertida en una postal obligada y en una experiencia que muchos repiten, la Laguna Esmeralda confirma su lugar como uno de los grandes atractivos naturales de Ushuaia, un destino que sigue ganando protagonismo y que cada fin de semana vuelve a demostrar por qué es uno de los trekking más elegidos del sur argentino.