sábado 10 de enero de 2026 - Edición Nº2593

Generales | 9 ene 2026

DOLOR Y BRONCA

Florencia Ulloa estalló contra OSEF tras la muerte de su padre: “Ustedes lo hicieron terminal”

No fue un comunicado. No fue una declaración medida. Fue un grito de dolor, escrito desde la pérdida más profunda. Florencia Ulloa, hija de Oscar Mauricio “Licho” Ulloa, el paciente oncológico que murió esperando una medicación que OSEF nunca entregó, volcó toda su bronca y su angustia en la red social de RED23, luego de leer la nota que expuso la respuesta tardía de la obra social del Estado.


Cada palabra de Florencia duele porque nace de la injusticia. De ver cómo su padre se apagaba mientras el sistema discutía papeles. De escuchar, después de la muerte, explicaciones técnicas que nunca llegaron cuando todavía había tiempo. “Dejen de decir que era terminal, porque ustedes lo hicieron terminal”, escribió, desarmando el relato oficial con una frase que resume toda la tragedia.

Florencia apuntó de manera directa contra la presidenta de OSEF, Mariana Hruby, y contra todos los responsables políticos que hoy intentan justificar lo que no supieron —o no quisieron— resolver. “Cuando se pidió la medicación hace 20 días mi papá no tenía riesgo alto”, remarcó, dejando en evidencia que las excusas llegaron después, cuando ya no había vuelta atrás.

“El cáncer no espera, avanza”, escribió. Y en esa frase quedó expuesta la crueldad de la burocracia: mientras OSEF auditaba, observaba y demoraba, la enfermedad seguía su curso. “¿También llamaste al linfoma de mi papá para pedirle que espere?”, lanzó Florencia, con una ironía cargada de impotencia, esa que solo aparece cuando el Estado falla en lo esencial.

El mensaje no solo fue bronca: fue amor, defensa y memoria. Florencia rechazó que se intente instalar que su padre era un paciente terminal. “Mi papá tenía un plan de tratamiento. Lo que lo entorpeció fueron las trabas impuestas por OSEF”, afirmó, protegiendo la dignidad de su padre incluso después de su muerte.

También marcó con precisión el momento en que OSEF “apareció”: el 6 de enero, cuando la situación ya era crítica. “Cara dura”, escribió. Y fue más allá: pidió que los responsables se vayan de sus cargos, porque ya no se trata de errores administrativos, sino de consecuencias irreversibles.

El mensaje de Florencia no pide compasión. Exige responsabilidad. Advierte que no va a callarse, que no va a permitir que la historia se cierre con condolencias y comunicados. “Ninguno de ustedes me devuelve a mi papá, pero voy a hacer ruido hasta que no sepan qué más hacer”, escribió.

Sus palabras reflejan el dolor de una hija, pero también el de muchas familias fueguinas que conocen de cerca la espera, la angustia y el abandono. La muerte de Oscar Mauricio Ulloa ya no es solo una estadística ni un expediente cerrado: es una herida abierta. Y la voz de Florencia, quebrada pero firme, deja una pregunta imposible de esquivar:

¿Cuántos tienen que morir para que el Estado deje de explicar y empiece a cuidar?

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