domingo 11 de enero de 2026 - Edición Nº2594

Generales | 10 ene 2026

BAJO EL AMPARO BRITÁNICO

Una flota de 16 barcos españoles saqueará el calamar argentino en Malvinas

Las embarcaciones gallegas ya navegan hacia las islas para iniciar una temporada marcada por la falta de recursos y la tensión diplomática. La operatoria de las empresas europeas pone otra vez en evidencia el financiamiento indirecto a la administración colonial en el territorio usurpado a la Argentina.


USHUAIA.- Los puertos de la ciudad española de Vigo fueron testigos de una imagen que reaviva el malestar por la explotación de los recursos naturales en aguas argentinas. Según reportaron los periódicos locales Faro de Vigo y Atlántico, un total de dieciséis buques arrastreros congeladores iniciaron su travesía hacia el caladero de Malvinas para participar de la campaña extractiva 2026 mediante permisos ilegítimos otorgados por el Reino Unido.

En la nómina de naves que pusieron proa hacia el sur aparecen el Falcon y el Prion, considerados naves insignia de este engranaje comercial y que operan bajo bandera de las islas a través de sociedades mixtas vinculadas a la firma Pescapuerta. La lista de la flota se completa con el Golden Chicha, Hermanos Touza, Hadassa Bay, New Polar, Robin M. Lee, Argos Cíes, Argos Pereira, Argos Berbés, Beagle FI, Venturer, Sil, Monteferro, Monte Lourido e Igueldo.

La prensa de la península ibérica mantiene la costumbre de referirse a nuestra capital isleña como “Port Stanley” al informar sobre esta nueva incursión pesquera controlada por Londres. Este despliegue representa una flagrante infracción a las normas del derecho internacional y desoye los reclamos de soberanía que la República Argentina sostiene históricamente sobre el archipiélago.

Los informes difundidos en España indican que el sector atraviesa un momento de fragilidad después de un 2025 donde las capturas de calamar registraron caídas sumamente preocupantes. Ante ese escenario, el gobierno de ocupación estableció para este año un piso de extracción de 10.000 toneladas con el fin de intentar dar previsibilidad a las empresas.

A pesar de que los propios técnicos del Departamento de Pesca colonial reconocieron la posibilidad de no alcanzar ese volumen mínimo de carga, la decisión política de Londres fue priorizar el negocio. Para salvaguardar inversiones superiores a los 240 millones de euros destinadas a la renovación de la flota, las autoridades británicas decidieron mantener el precio de las licencias sin cambios hasta el año 2027.

Este esquema productivo ignora cualquier criterio de sustentabilidad ambiental para enfocarse exclusivamente en los dividendos de las empresas armadoras y en el sostén económico de la colonia en las islas. El sistema sobrevive forzando la extracción de un recurso que ya arroja señales claras de agotamiento biológico.

La partida de estos barcos vuelve a poner sobre la mesa la posición ambigua de Madrid frente al conflicto. En los foros de las Naciones Unidas, España suele acompañar el reclamo argentino por Malvinas como gesto de reciprocidad por el apoyo nacional sobre Gibraltar, pero en el plano comercial sus compañías resultan ser el motor principal que financia la presencia británica en el Atlántico Sur.

La existencia de sociedades integradas por capitales gallegos y compañías de las islas permite que la colonia ostente ingresos per cápita sumamente elevados a nivel global. De esta manera, mientras la diplomacia española habla de descolonización en los micrófonos, su sector empresarial sostiene la infraestructura de la usurpación en el mar.

Esta actividad no representa solamente un perjuicio material por la quita de recursos que promedian las 250.000 toneladas cada año, sino que conlleva una carga simbólica dolorosa. Nuestro país es el hogar de la mayor colectividad gallega del planeta y muchos hijos de esos inmigrantes dieron su vida en 1982 defendiendo la soberanía de las tierras que hoy son explotadas desde los mismos puertos donde nacieron sus antepasados.

Las estadísticas oficiales reflejan un declive difícil de ocultar en el caladero malvinense. De las casi 100.000 toneladas obtenidas en el ciclo 2022 se pasó a tan solo 56.000 en el período 2025, con una segunda zafra que apenas llegó a las 18.000 toneladas el año pasado. Lo que los empresarios de Vigo llaman incertidumbre es en realidad el colapso inminente tras años de pesca sin supervisión científica seria.

En este contexto, la campaña que se inicia este año se asemeja más a un intento de salvataje financiero para los armadores españoles que a una actividad extractiva normal. En una alianza de conveniencia con los ocupantes británicos, la flota parece dispuesta a agotar las existencias del calamar antes de que el ecosistema marino llegue a su punto de no retorno.

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