En un contexto de caída sostenida de la natalidad y cambios profundos en las formas de vincularse, sectores conservadores de Estados Unidos impulsan un plan que busca intervenir directamente en la vida privada de las personas. El proyecto, respaldado por la influyente Heritage Foundation, propone redefinir el matrimonio, desalentar el divorcio y modificar los hábitos digitales de los jóvenes bajo una consigna clara: “Salvar a Estados Unidos salvando a la familia”.
La iniciativa, alineada con una eventual nueva presidencia de Donald Trump, no se limita a incentivos económicos. Va mucho más allá: plantea regular el amor, el deseo, la reproducción y hasta la forma de conocer pareja, en nombre de una cruzada cultural contra lo que consideran la raíz de la crisis social estadounidense.
Entre las propuestas más controvertidas se encuentran medidas inéditas para fomentar el matrimonio heterosexual y desalentar las rupturas:
Capacitaciones prematrimoniales obligatorias, dictadas por el Departamento de Salud, como requisito previo para casarse.
Incentivos económicos por permanencia, con premios estatales para las parejas que cumplan décadas de matrimonio.
Desaliento y veto indirecto a las apps de citas, a las que responsabilizan por relaciones “superficiales e inestables”.
Mayores restricciones a la pornografía online, bajo el argumento de que erosiona el compromiso y aumenta los divorcios.
Para los impulsores del plan, el problema no es solo económico, sino cultural: creen que la tecnología y los nuevos hábitos están debilitando la estructura familiar tradicional.
El informe también apunta contra las redes sociales y la inteligencia artificial. Propone prohibir su uso antes de los 16 años, acusándolas de generar ansiedad, desmotivación y una visión pesimista del futuro.
Uno de los ejes más llamativos es la crítica al llamado “alarmismo climático”, al que señalan como un factor que desalienta a los jóvenes a tener hijos por miedo al colapso ambiental. Para Heritage, este discurso atenta contra la continuidad demográfica del país.
La propuesta adopta una postura extrema frente a las tecnologías reproductivas. Cuestiona duramente la fertilización in vitro (FIV) y las pruebas genéticas, argumentando que implican la destrucción de embriones, y exige proteger la vida “desde la fertilización”, reabriendo un debate ético y legal que atraviesa a toda la sociedad estadounidense.
Detrás de estas ideas subyace una preocupación estratégica: con una política migratoria restrictiva y una natalidad en descenso, Estados Unidos podría empezar a perder población a partir de 2030. Roger Severino, vicepresidente de Heritage, lo define como un “malestar cultural” que impide a los adultos formar familias.
Sin embargo, las críticas no tardaron en aparecer. Sectores académicos, organizaciones de derechos civiles y movimientos feministas advierten que estas medidas reinstalan roles de género del pasado, limitan libertades individuales y colocan al Estado como árbitro de la vida íntima.
Mientras unos celebran el avance del llamado movimiento pronatalista, otros alertan sobre un modelo que busca ordenar la sociedad desde el matrimonio, el control digital y la moral conservadora.