Según el especialista, es habitual que en verano se duerma menos que en invierno, aunque esto no siempre implica dormir peor. “En general, las personas tienden a dormir más horas en invierno y menos en verano, pero el problema principal no es solo la cantidad de horas, sino la calidad del sueño”, señaló Martos en la TV Pública.
Uno de los factores centrales que afectan el descanso es la ansiedad. “Una persona cansada pero ansiosa no logra dormirse porque la mente sigue activa. En cambio, alguien tranquilo se acuesta y en pocos minutos ya está dormido”, explicó. A esto se suman otros problemas frecuentes como la obesidad, la apnea del sueño, la congestión nasal, los ruidos ambientales y los cambios bruscos en los horarios de descanso.
En relación con las horas recomendadas, Martos indicó que no existe una cifra exacta para todos. “En términos generales, los adultos deberían dormir más de seis horas, mientras que los niños necesitan alrededor de diez. Pero también importa mucho cómo se duerme en ese tiempo y el ritmo de vida de cada persona”, aclaró. Dormir solo dos o tres horas, advirtió, es claramente insuficiente.
El neurólogo remarcó que el cuerpo está biológicamente preparado para dormir de noche. Quienes trabajan en turnos nocturnos o rotativos requieren mayores cuidados, ya que el organismo necesita al menos dos semanas para adaptarse a un nuevo horario, algo que rara vez ocurre. “Cuando el cuerpo nunca logra adaptarse, empiezan los problemas”, afirmó.
La falta de un buen descanso tiene consecuencias directas en la salud. Entre ellas, mencionó la disminución de la atención y el rendimiento laboral, el aumento de la ansiedad y dificultades para pensar o resolver situaciones complejas. A nivel físico, dormir mal deteriora la regulación de la presión arterial, favorece la aparición de arritmias y acelera el desgaste del sistema cardiovascular.
“El sueño permite una recuperación química y biológica del cerebro y del resto del organismo. Si no se da ese tiempo, se alteran los neurotransmisores, el metabolismo celular y el funcionamiento de las arterias”, explicó Martos. La combinación de mal descanso, mala alimentación y consumo de tóxicos, advirtió, puede adelantar enfermedades que normalmente aparecerían décadas más tarde.
Finalmente, el especialista recomendó cuidar la higiene del sueño, mantener horarios regulares, reducir estímulos antes de acostarse y prestar atención a los síntomas persistentes. “Dormir bien no es un lujo: es una necesidad básica para la salud”, concluyó.