El cierre comenzó a regir desde el lunes 19 de enero, a menos de doce meses de la reapertura del complejo, que había estado casi dos años fuera de funcionamiento. En marzo de 2025, el Ejecutivo municipal había anunciado con énfasis la finalización de las tareas de reacondicionamiento, asegurando que el espacio quedaba en condiciones óptimas y con garantías de funcionamiento sostenido en el tiempo.
Sin embargo, el escenario volvió a repetirse.
Según informó el Instituto Municipal de Deportes, la suspensión de actividades responde a la necesidad de realizar un “mantenimiento integral” del natatorio. Entre las tareas anunciadas se mencionan ampliaciones en salas técnicas, ajustes en los sistemas de provisión y circulación de agua caliente, recambio de cañerías y elementos de maniobra, además de trabajos de limpieza profunda y reparaciones en distintos sectores de las piletas.
La enumeración de intervenciones no hizo más que reforzar una pregunta que se repite entre usuarios y vecinos: ¿por qué estas tareas no se ejecutaron durante los casi dos años en los que el natatorio permaneció cerrado? ¿Qué tipo de obras se realizaron entonces para que, en menos de un año, sea necesario interrumpir nuevamente el servicio?
El nuevo cierre golpea de lleno a escuelas deportivas, clubes, adultos mayores, personas en rehabilitación y familias que encuentran en la pileta municipal uno de los pocos espacios públicos cubiertos disponibles en la ciudad. En una Ushuaia con infraestructura deportiva limitada, cada interrupción prolongada deja a cientos de vecinos sin alternativas reales.
A esto se suma otro elemento que profundiza el malestar: no se informaron plazos concretos de reapertura, lo que vuelve a instalar la incertidumbre sobre la duración de las obras y la previsibilidad del servicio.
Mientras el Municipio insiste en justificar los cierres bajo el argumento del mantenimiento, el natatorio municipal acumula un historial reciente de cierres prolongados, reaperturas celebradas y nuevas suspensiones, consolidando una sensación de improvisación y soluciones parciales.
En plena temporada de verano, cuando más se necesitan políticas públicas que acompañen a quienes no pudieron irse de vacaciones, la pileta municipal vuelve a estar cerrada. Y con cada nuevo candado, se profundiza la distancia entre los anuncios oficiales y la realidad cotidiana de los vecinos.