La Residencia de Adultos Mayores dependiente del Hospital Regional Río Grande atraviesa una situación crítica que expone falencias profundas del sistema de salud provincial. Ante la falta de insumos, equipamiento y elementos esenciales para la vida cotidiana de sus residentes, la Cooperadora del Hospital se vio obligada a realizar un pedido público de colaboración a través de redes sociales.
El listado de necesidades es tan extenso como preocupante: mobiliario básico como sillas, mesas, sillones y escritorios; equipamiento indispensable como lavarropas, secarropas, computadoras, impresoras y pizarras; además de ropa de cama, pañales, algodón, cobertores plásticos para colchones, indumentaria y calzado para personas mayores.
Se trata de elementos mínimos para garantizar condiciones dignas de habitabilidad, higiene y cuidado en un espacio que depende directamente del Ministerio de Salud de la Provincia y que debería contar con el respaldo presupuestario necesario para su funcionamiento regular.

Un espacio clave para quienes no tienen a nadie
Según describe el propio Gobierno de Tierra del Fuego en su información institucional, la Residencia de Adultos Mayores de Río Grande alberga a personas mayores que no cuentan con redes familiares o sociales de contención. Allí se brinda atención integral, cuidados permanentes y acompañamiento profesional a quienes atraviesan una etapa de la vida marcada por la soledad y la dependencia.
Por eso, el hecho de que hoy se soliciten donaciones para cubrir necesidades básicas no solo refleja una carencia material, sino que interpela de lleno a la política pública provincial y al rol del Estado en el cuidado de los sectores más vulnerables.
La situación resulta aún más sensible si se tiene en cuenta que los residentes dependen exclusivamente del sistema público para acceder a bienestar, atención y calidad de vida, sin alternativas privadas ni redes de apoyo externas.
Solidaridad que no debería reemplazar al Estado
Las donaciones se reciben en Mosconi 725, esquina Piedrabuena, de lunes a viernes de 8 a 14 horas, y se habilitó un número de contacto para coordinar entregas. Como en tantas otras ocasiones, la comunidad vuelve a ser convocada para cubrir lo que el Estado no está logrando garantizar.
Sin embargo, el llamado solidario deja una pregunta inevitable: ¿cómo es posible que una residencia estatal destinada al cuidado de adultos mayores solos deba sostenerse con donaciones?
La situación de la Residencia de Adultos Mayores del Hospital Regional Río Grande vuelve a poner en agenda una realidad incómoda: cuando el Estado se retrae, la solidaridad aparece, pero no alcanza para reemplazar políticas públicas sostenidas. En el medio, quedan personas mayores que dependen de un sistema que hoy muestra señales alarmantes de abandono.