Según un informe del Instituto de Economía de la UADE (INECO), el consumo per cápita de carne vacuna pasó de 52 kilos por habitante en 1990 a apenas 30 kilos en 2025. La caída no solo marca un cambio de hábitos, sino que refleja una transformación estructural forzada por los precios y el deterioro del ingreso real.
La comparación es contundente: actualmente, con lo que cuesta un kilo de asado se pueden comprar cuatro kilos de pollo. Esta relación, que a comienzos de siglo era de uno a dos, explica por qué la carne aviar y el cerdo ganaron protagonismo en la dieta cotidiana.
El informe revela una paradoja: el consumo total de carnes en Argentina creció un 12%, pero su composición cambió de manera drástica. Hoy, la carne vacuna y la avícola empatan en participación, con un 36% a 38% cada una, mientras que el cerdo ya representa el 15,2% del total.
Lejos de tratarse de una elección cultural, el desplazamiento responde a una ecuación económica inevitable. El precio del asado se encuentra un 47% por encima de su promedio histórico. En valores constantes, el kilo ronda los $15.340, muy lejos del promedio de $10.449 registrado entre 1996 y 2025.
“Mientras que en el año 2000 un consumidor debía elegir entre comprar un kilo de asado o dos kilos de pollo, hoy la decisión es entre un kilo de asado o cuatro kilos de pollo”, señala el estudio.
La caída del consumo no solo impacta en los hogares. Carnicerías de barrio y comercios vinculados a la cadena cárnica sienten el retroceso en las ventas, con clientes que compran menos cantidad, eligen cortes más baratos o directamente migran a otras proteínas.
Aunque el informe señala una leve recuperación del poder adquisitivo medido en kilos de carne durante la actual gestión —un salario promedio permite comprar 154 kilos de asado, frente a los 150 kilos del período 2020-2023—, el nivel sigue muy lejos de los picos históricos, como los 277 kilos que podía adquirir un salario en 2008.
Otro factor clave detrás del fenómeno es la dinámica exportadora. En los últimos 23 años, las exportaciones de carne vacuna crecieron un 230% en volumen y más de un 900% en valor, lo que presiona los precios en el mercado interno y profundiza la brecha entre producción y acceso local.
Aun así, Argentina mantiene un liderazgo simbólico: pese al derrumbe del consumo interno, sigue encabezando el ranking mundial de consumo de carne vacuna per cápita, triplicando el promedio de los países de la OCDE. Un dato que hoy convive con una contradicción cada vez más visible: el país de la carne ya no puede darse el lujo de comerla como antes.