martes 03 de febrero de 2026 - Edición Nº2617

Generales | 2 feb 2026

Gobernar sin hacerse cargo

Florencia Ulloa cruzó a Melella tras admitir la inviabilidad de OSEF: “Mientras mi papá se moría, jugaron con nuestra situación”

Las declaraciones del fin de semana del gobernador Gustavo Melella, en las que reconoció que la Obra Social del Estado Fueguino no tiene recursos suficientes para sostenerse, desataron una respuesta furiosa y dolorosa. No llegó desde la oposición política, sino desde el lugar más incómodo para el poder: una hija que perdió a su padre esperando respuestas del Estado.


Florencia Ulloa, hija de Oscar Mauricio “Licho” Ulloa —el paciente oncológico que murió sin recibir a tiempo la medicación indicada— respondió con un mensaje directo y sin filtros. “Mientras mi papá se moría no pudiste reconocerlo. Dijiste que el tema económico no era un condicionante. Jugaron con nuestra situación, con un paciente, y hoy es irreversible. Qué desidia”, escribió, apuntando de lleno al discurso oficial que intentó separar la crisis financiera de sus consecuencias humanas.

La contradicción es brutal: mientras el gobernador admite que “no alcanza la plata”, durante el tratamiento de Ulloa se negó que lo económico condicionara las decisiones. Para la familia, esa negación no fue técnica: fue política. Y tuvo un costo irreversible.

Florencia fue más allá y puso en palabras lo que miles de afiliados sienten a diario: “Abusan de la necesidad de la gente, vulneran derechos. Cargos altamente importantes en manos de personas inoperantes. ¿En manos de quién estamos?”. El señalamiento alcanza al Ejecutivo y a la conducción de la Obra Social del Estado Fueguino, que arrastra déficits, parches y demoras reconocidas por el propio Gobierno.

En uno de los pasajes más duros, cuestionó el destrato y la falta de humanidad en la atención: “Los trabajadores de la obra social no tienen el mínimo tacto. Abunda la ignorancia y el destrato. ¿Cuántos puestos están realmente capacitados para sus deberes y obligaciones? ¿Cómo llegan ahí?”. La experiencia que describe no es excepcional: es la postal cotidiana de un sistema colapsado.

El mensaje también desnuda una falla estructural del Estado fueguino. “La lucha también es contra un Estado ausente, representado por gente no preparada. Esos puestos les quedan grandes a todos, del primero al último”, escribió Florencia, extendiendo la responsabilidad a toda la cadena de mando. No hay excepciones ni atajos retóricos cuando se trata de salud: el tiempo perdido se traduce en daño.

La crítica alcanza a la cultura interna del organismo: “Hablás con empleados que no laburan ni hace cinco años y te hablan de cansancio. No tienen idea de lo que es laburar. Den puestos a gente que quiera trabajar de verdad, hagan seguimientos, dejen de pagar sueldos a quienes no le trabajan un día a nadie”. El reclamo no es ideológico: es de gestión básica y control efectivo.

Las palabras de Florencia chocan de frente con la admisión del gobernador. Si el sistema es inviable —como reconoció—, entonces gobernar sin corregirlo es administrar el daño. Y cuando ese daño se produce en oncología, la frontera entre “desfasaje” y abandono se vuelve imposible de negar.

La muerte de Oscar Mauricio “Licho” Ulloa deja una pregunta incómoda para el poder: ¿qué significa reconocer el colapso sin asumir responsabilidades por sus consecuencias? Para Florencia, la respuesta es clara y amarga: “Ojalá nunca estén en nuestros zapatos”. Para la política, el desafío es ineludible: dejar de explicar después y garantizar antes. Porque cuando el Estado falla, no hay comunicado que repare lo irreparable.

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