lunes 09 de febrero de 2026 - Edición Nº2623

Generales | 8 feb 2026

IPC de Enero

Inflación: el dato oficial llega con la vieja fórmula y crecen las dudas sobre lo que no se mide

Este martes 10 de febrero, el INDEC dará a conocer el Índice de Precios al Consumidor (IPC) correspondiente a enero de 2026, el primer dato inflacionario del año. Sin embargo, lejos de generar expectativas positivas, la publicación llega envuelta en polémica, sospechas y un creciente descreimiento, tanto por la postergación de la nueva metodología de medición como por la reciente salida de Marco Lavagna al frente del organismo estadístico.


Según estimaciones privadas, la inflación de enero habría mostrado una leve desaceleración respecto del 2,8% registrado en diciembre, cortando —al menos en los papeles— una racha alcista que se arrastra desde junio de 2025 y que se profundizó a partir de septiembre, cuando los registros mensuales volvieron a ubicarse por encima del 2%.

No obstante, aun con ese leve descenso, el índice que difundirá el INDEC —utilizando la vieja fórmula de medición— se habría mantenido por encima del 2%, consolidando una inflación persistentemente alta y lejos de cualquier alivio tangible para los hogares argentinos.

El Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) que elabora el Banco Central proyectó para enero una inflación del 2,4%, con una estimación interanual del 22,4% hacia fin de año. Sin embargo, los números que manejan distintas consultoras privadas muestran un escenario más complejo y, sobre todo, más duro en los rubros que impactan de manera directa en el consumo cotidiano.

La consultora Equilibra estimó una inflación mensual del 2,2%, con fuertes aumentos en restaurantes y hoteles (3,8%), alimentos y bebidas no alcohólicas (3,1%), bienes y servicios varios (3,1%) y salud (2,8%), mientras que la variación interanual fue calculada en torno al 32%.

Desde la consultora explicaron la desaceleración mensual por tres factores puntuales: una menor presión en alimentos no estacionales —especialmente carne—, una pausa en los precios regulados tras fuertes subas en diciembre y un dólar relativamente estable, que contuvo algunos precios del núcleo inflacionario. Sin embargo, estos elementos no alcanzan para modificar la percepción social de un costo de vida en permanente ascenso.

Por su parte, EcoGo Consultores midió una inflación del 2,5% en alimentos y bebidas, impulsada principalmente por el fuerte aumento de las verduras, mientras que las carnes mantuvieron subas cercanas al 3,6% mensual, un dato clave para entender por qué el IPC oficial no logra reflejar la presión real sobre los ingresos familiares.

La Fundación Libertad y Progreso fue aún más contundente al estimar una inflación del 2,6% en enero, con una variación interanual del 32,1%, lo que evidencia —según la entidad— una aceleración del proceso inflacionario en línea con lo observado desde octubre. Si bien proyectaron una posible desaceleración a partir de febrero, reconocieron que la dinámica inflacionaria reciente responde a una menor demanda de pesos, incertidumbre política y presión cambiaria, factores que impactan directamente en los precios de alimentos y bienes básicos.

En la misma línea, el relevamiento de la consultora C&T para el Gran Buenos Aires arrojó un incremento mensual del 2,4%, con un IPC anual estimado en 29,2%, destacando que alimentos y bebidas fue el rubro de mayor aumento (4,1%), impulsado por verduras y carne, que registró subas cercanas al 5%, aunque al menor ritmo desde octubre.

La sospecha que crece

Más allá de los porcentajes, el debate de fondo atraviesa otro eje: qué se mide y qué queda afuera. La decisión de continuar utilizando la vieja metodología del IPC, postergando una actualización largamente anunciada, alimenta la sospecha de que el índice oficial no refleja con precisión lo que ocurre en el bolsillo de las familias argentinas.

Mientras el Gobierno pone el foco en mostrar una desaceleración técnica de la inflación, los hogares siguen enfrentando aumentos constantes en alimentos, servicios, salud y transporte, rubros que absorben una porción cada vez mayor de los ingresos.

Así, el dato que se conocerá este martes no solo marcará el inicio estadístico del 2026, sino que volverá a dejar al descubierto una tensión cada vez más evidente: la distancia entre los números oficiales y la realidad cotidiana, en un contexto donde medir menos no significa pagar menos, y donde la inflación sigue siendo una de las principales preocupaciones sociales.

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