Según explicó en FM del Pueblo, el cierre de kioscos ya es una realidad visible. “Desde que volví de vacaciones ya hay tres kioscos que cerraron”, relató tras dialogar con proveedores. En ese sentido, aclaró que el cierre no suele ser una decisión repentina, sino la consecuencia de una economía que no da margen: “Cerrar significa hacerlo endeudado, para no seguir acumulando deudas”.
La caída de ventas es uno de los principales factores. “Hoy, por más que bajemos los precios, hay productos que no se venden”, sostuvo Schreiber, remarcando que el problema ya no es solo el precio, sino la falta de dinero. “El poder adquisitivo cada vez es menor y eso se nota todos los días en el mostrador”.
Otro aspecto que se profundizó es la imposibilidad de sostener el fiado. “Antes el kiosquero tenía más espalda para aguantar, hoy ya no se puede”, explicó. Muchos clientes piden que se les anote la mercadería, pero los comercios también están al límite y sin margen financiero para hacerlo.
A esto se suman los aumentos constantes en tarifas y costos fijos. “Cuando te suben la luz, el gas, el agua y los impuestos, no te queda otra que remarcar”, señaló, aunque advirtió que subir precios tampoco es una solución: “Si aumentás el margen, no vendés”.
En cuanto a las políticas oficiales, Schreiber fue contundente: “No bajó ningún impuesto para los kioscos; los beneficios fueron para los grandes contribuyentes”. Según afirmó, los pequeños comerciantes siguen pagando las mismas cargas, sin alivio fiscal.
Finalmente, dejó una reflexión sobre el clima social: “Me asombra el aguante que tiene la gente, pero no sé hasta cuándo se puede sostener esta situación”. Mientras tanto, los kioscos de barrio continúan resistiendo, cada vez con menos margen y mayor incertidumbre.