En una entrevista brindada al streaming El DeliveryTDF, Devita centró su agenda en el desarrollo del sector acuícola, la promoción de inversiones, la generación de empleo y el agregado de valor productivo, confirmando que ya corre el plazo para la reglamentación de la ley provincial de acuicultura, que debe implementarse en un máximo de 90 días desde su promulgación. Sin embargo, no dedicó una sola reflexión a la grave situación ambiental que genera la presencia de más de 25 mil perros cimarrones en la provincia, según estimaciones de especialistas y organizaciones vinculadas a la conservación.
Lejos de tratarse de una cuestión menor, los perros asilvestrados representan una de las principales amenazas para la biodiversidad fueguina. Se trata, en su mayoría, de animales que nunca tuvieron contacto con humanos desde su nacimiento, lo que los convierte en especies salvajes altamente organizadas, territoriales y peligrosas para el ecosistema.
Estos grupos atacan fauna nativa —incluyendo aves, guanacos y ovejas—, generan pérdidas millonarias en el sector productivo y provocan un desequilibrio ambiental creciente, especialmente en zonas rurales y áreas naturales protegidas. A esto se suma el riesgo sanitario y los episodios reiterados de ataques a animales domésticos e incluso a personas.
Pese a la magnitud del problema, no existe un plan integral, sostenido y efectivo desde el Estado provincial para abordar esta situación, que combina abandono, falta de políticas de control poblacional y una débil articulación entre áreas ambientales, sanitarias y productivas.
Durante la entrevista en El DeliveryTDF, Devita destacó el rol técnico del Ministerio en la reglamentación de la ley de acuicultura, subrayó la importancia de la investigación aplicada, la capacitación y el valor agregado, e incluso reconoció que la Secretaría de Ambiente permanece sin conducción formal desde hace dos meses, un dato no menor para una cartera que debe garantizar controles y políticas ambientales activas.
Sin embargo, el silencio sobre los perros cimarrones resulta llamativo para un ministro que encabeza Producción y Ambiente. La omisión expone una agenda desequilibrada, enfocada en el desarrollo económico, pero con serias falencias a la hora de enfrentar conflictos ambientales urgentes que afectan tanto a la producción como a la conservación del territorio.