Según detallaron las autoridades médicas, la joven ingresó a la Guardia el 6 de febrero con un cuadro de sepsis de foco a determinar (respiratorio y/o abdominal) y presentaba además comorbilidades previas que comprometían su estado general de salud.
La paciente fue internada en la Unidad de Terapia Intensiva, donde permaneció bajo tratamiento y monitoreo permanente. Finalmente, el 16 de febrero se produjo su fallecimiento debido a la complejidad del cuadro clínico.
En relación al resto del grupo familiar, el hospital informó que:
La madre ingresó el 8 de febrero, fue asistida, estabilizada y recibió el alta ese mismo día, sin necesidad de internación.
Tres hermanos de 3, 8 y 13 años permanecen internados en el servicio de Pediatría.
Desde el nosocomio indicaron que los menores cursan “distintas patologías clínicas, con evolución favorable y fuera de peligro”, y que se encuentran bajo seguimiento permanente de los equipos de salud.
En un punto clave del comunicado, el Hospital Zonal aclaró que no existe diagnóstico que confirme un cuadro de intoxicación alimentaria, ni tampoco situaciones vinculadas al consumo de alimentos provenientes del basural, como se mencionó en algunas publicaciones.
La institución aseguró además que se activaron todos los protocolos correspondientes, garantizando la atención médica, el acompañamiento a la familia y la protección de la información clínica conforme a la normativa vigente.
El caso generó fuerte impacto social y debate público, especialmente por las versiones iniciales que asociaban la situación con condiciones de extrema vulnerabilidad. El comunicado oficial busca llevar claridad a un escenario atravesado por la angustia y la circulación de información no confirmada.
Mientras continúa la atención médica de los menores, la comunidad de Caleta Olivia sigue de cerca la evolución del caso, en medio del dolor por la pérdida de la joven y el pedido de prudencia en el tratamiento de la información.