miércoles 18 de febrero de 2026 - Edición Nº2632

Generales | 18 feb 2026

Más despidos

Cierra FATE y se apaga la última gran fábrica nacional de neumáticos

09:09 |La histórica empresa Fate S.A.I.C.I. anunció el cierre definitivo e inmediato de su planta industrial en Virreyes, partido de San Fernando, provincia de Buenos Aires. La decisión implica el despido de 920 trabajadores y marca un punto de quiebre para la industria nacional: Argentina pierde a su último gran fabricante de cubiertas de capitales nacionales.


En un comunicado oficial, la compañía informó que “a partir del día de la fecha, cesa la actividad en su planta industrial”, descartando cualquier posibilidad de concurso preventivo, reestructuración o plan de salvataje. La decisión es total: liquidación de activos, cancelación de pasivos y pago de indemnizaciones conforme a la ley vigente.

“Es un cierre definitivo. Se le paga a todo el mundo lo que corresponde. A empleados, proveedores, bancos. Se liquida todo y se baja la persiana”, señalaron fuentes cercanas a la firma.

El fin de una industria estratégica

La planta de Virreyes era la mayor del país, con una capacidad productiva superior a cinco millones de neumáticos por año. Durante décadas, FATE fue un símbolo del desarrollo industrial argentino: abasteció a la industria automotriz local, fue pionera en la producción de neumáticos radiales y logró posicionarse en mercados de exportación como Europa, Estados Unidos y América Latina.

Con su cierre, Argentina deja de tener un productor nacional fuerte de cubiertas de capitales propios, en un sector estratégico vinculado al transporte, la logística y la industria automotriz.

La empresa, propiedad de la familia Madanes Quintanilla, destacó en su despedida más de ocho décadas de trayectoria industrial, inversión tecnológica y generación de empleo calificado. Sin embargo, el contexto económico terminó por sellar su destino.

Las razones del cierre

El final de FATE no fue repentino. Desde mediados de 2024 la compañía venía advirtiendo sobre una pérdida sostenida de competitividad. Según explicaron desde la firma, tres factores fueron determinantes:

1. Avalancha de importaciones
A mediados de 2025 ingresaron al país 860.000 cubiertas importadas en un solo mes, principalmente de origen chino. La imposibilidad de competir con esos precios obligó a FATE a reducir sus valores un 15%, erosionando completamente sus márgenes de rentabilidad.

2. Desventajas macroeconómicas
La empresa apuntó a la sobrecarga impositiva, las restricciones cambiarias y la falta de incentivos a la exportación como parte de un “laberinto macroeconómico” que dejó a la producción local en desventaja frente a competidores regionales y globales.

3. Costos y conflictividad
La dirección también mencionó el alto costo laboral, la baja productividad y una relación gremial desgastada como factores que encarecieron la fabricación local, hasta el punto de que producir un neumático en Argentina resultaba más caro que importarlo.

Un impacto económico y social profundo

El cierre implica la pérdida inmediata de 920 puestos de trabajo directos, además de afectar a proveedores, contratistas y al entramado productivo asociado. En un país que busca atraer inversiones y recuperar dinamismo industrial, la caída de una empresa emblemática como FATE abre un debate de fondo sobre el modelo productivo.

La apertura comercial y el incremento de importaciones, en el marco de la política económica actual, generaron un escenario donde sectores industriales tradicionales enfrentan crecientes dificultades para competir. Para algunos, se trata de un proceso de ajuste hacia mayor eficiencia; para otros, es un proceso de desindustrialización que pone en riesgo capacidades estratégicas acumuladas durante décadas.

Un nuevo rumbo empresarial

Tras el cierre, el empresario Javier Madanes Quintanilla concentrará su actividad en otros negocios del grupo, especialmente en Aluar, dedicada a la producción de aluminio.

Mientras tanto, la industria argentina pierde una pieza histórica de su entramado productivo. La pregunta que queda abierta es si el país podrá reconstruir una capacidad industrial propia en sectores estratégicos o si el cierre de FATE marcará el inicio de una etapa donde importar resulte más viable que producir.

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