Según los datos del reporte, el 27% de los alumnos fueguinos de nivel secundario admitió haber consumido cannabis al menos una vez en su vida, una cifra que supera con amplitud el promedio nacional, que ronda el 17%.
Este dato convierte a Tierra del Fuego en la provincia con el índice más alto de contacto con drogas —en especial marihuana— entre adolescentes de todo el país, un dato que especialistas califican de “preocupante y con múltiples implicancias sociales y sanitarias”.
El informe del Observatorio, basado en encuestas aplicadas a estudiantes de entre 13 y 17 años en distintos distritos del país, refleja una tendencia sostenida en la última década: el consumo de marihuana entre adolescentes ha crecido de forma consistente, tanto a nivel nacional como en las provincias del sur del país.
Mientras en distritos como la Ciudad Autónoma de Buenos Aires o la provincia de Buenos Aires el porcentaje de estudiantes que consumió cannabis supera el 18% y 19% respectivamente, en Tierra del Fuego ese índice asciende a casi uno de cada tres estudiantes.
Los especialistas señalan que esta prevalencia al alza requiere una mirada más atenta de las políticas públicas, no solo en materia de seguridad, sino también en prevención educativa, salud mental y acompañamiento familiar.
Aunque la discusión pública en ocasiones tiende a minimizar los riesgos asociados al uso ocasional de cannabis, diversos estudios científicos han identificado impactos sobre la salud física y mental de los jóvenes, especialmente cuando el consumo ocurre en edades tempranas. Por ejemplo, investigaciones publicadas en revistas como la Journal of the American Medical Association han asociado el consumo intensivo de marihuana con un mayor riesgo de problemas cardiovasculares y dificultades cognitivas relacionadas con la memoria y la toma de decisiones.
Especialistas también advierten que el consumo temprano aumenta la probabilidad de recurrir con mayor frecuencia a sustancias psicoactivas y de experimentar consecuencias negativas en ámbitos como el rendimiento académico y la socialización, convirtiéndose en un factor de riesgo en la etapa de desarrollo adolescente.
Que casi 3 de cada 10 estudiantes secundarios en Tierra del Fuego hayan probado cannabis —una cifra muy por encima de la media nacional— abre un interrogante profundo sobre los contextos sociales, educativos y familiares que atraviesan los jóvenes fueguinos.
Entre los factores que suelen asociarse con este fenómeno están la facilidad de acceso a la sustancia, la normalización cultural del consumo entre ciertos grupos sociales y la falta de estrategias de prevención integrales que articulen educación, salud pública y políticas comunitarias enfocadas en la adolescencia.
Frente a estos datos, organizaciones de salud, escuelas y familias tienen un desafío común: fortalecer la educación sobre los riesgos del consumo de drogas, implementar programas de detección temprana y apoyar políticas públicas eficaces que aborden no solo los síntomas, sino las causas sociales que impulsan a los adolescentes a comenzar o sostener un consumo.
La situación en Tierra del Fuego —con un 60% más de prevalencia que el promedio nacional— no sólo es una estadística, sino un llamado de atención para promover acciones coordinadas y sostenidas que pongan la salud y el bienestar de los jóvenes como una prioridad urgente.