La reconfiguración no es menor: se trata de áreas sensibles en un contexto económico complejo y con desafíos estructurales pendientes.
Durante la mañana del viernes en Casa de Gobierno, el mandatario designó a Gabriela Castillo como nueva ministra de Energía, cartera que adquiere centralidad frente al crecimiento de la demanda y la necesidad de inversiones en infraestructura.
Castillo deja así el Ministerio de Obras y Servicios Públicos, que ahora queda en manos del ingeniero Martín Moreyra, quien se desempeñaba dentro del equipo técnico de la cartera.
El tercer cambio se concretó el sábado en Río Grande, donde la licenciada Lucía Rossi asumió al frente del Ministerio de Bienestar Ciudadano y Justicia, un área clave en materia social y de asistencia territorial.
Con estos tres movimientos recientes, y si se suman las modificaciones anteriores en el Ministerio de Economía y en la cartera de Medio Ambiente, el gobernador acumula cinco reemplazos ministeriales en el actual esquema de gobierno.
La dinámica evidencia un proceso de reacomodamiento interno que combina enroques —como el caso de Castillo pasando de Obras Públicas a Energía— con incorporaciones nuevas.
Los cambios llegan en un escenario atravesado por:
Caída de la actividad industrial.
Tensión presupuestaria provincial.
Demandas crecientes en materia social.
Necesidad de obras de infraestructura energética.
Desde el Ejecutivo sostienen que se trata de una “nueva etapa” para consolidar lo realizado y avanzar en áreas estratégicas. Sin embargo, en términos políticos, los movimientos también pueden leerse como un intento de oxigenar la gestión y ajustar el rumbo frente a un año que asoma desafiante.
La energía aparece como un eje estructural del desarrollo productivo, Obras Públicas mantiene un rol central en la dinámica económica provincial y Bienestar Ciudadano queda en el centro de la respuesta social ante el impacto del contexto nacional.
A diferencia de otros recambios políticos con tono de crisis, en este caso el gobernador apostó por perfiles con experiencia dentro del propio espacio, priorizando continuidad antes que giro abrupto.
La pregunta que sobrevuela ahora es si estos cinco cambios ministeriales alcanzarán para imprimir mayor dinamismo a la gestión o si se trata simplemente de un reordenamiento administrativo en medio de un escenario complejo.
El gabinete se mueve. El desafío, como siempre, será que el cambio de nombres se traduzca en resultados concretos.