En un escenario marcado por la caída del consumo y balances que reflejaban una fuerte retracción en sus ventas, La Anónima sorprendió al mercado con una jugada de alto impacto: la compra de doce supermercados y un centro de distribución del grupo Libertad, en una operación que también incluye el traspaso de más de 1600 empleados.
El movimiento no es menor. La cadena controlada por la familia Braun —y considerada la más importante en Tierra del Fuego— avanza así en un proceso de expansión que contrasta con el contexto económico general y con sus propios informes recientes, donde se advertía una caída significativa en el consumo.
Mientras la mayoría de los actores del sector ajusta estructuras ante la baja en las ventas, La Anónima apuesta a crecer. La adquisición le permitirá reforzar su presencia en el centro y norte del país, regiones donde hasta ahora tenía una participación limitada, y consolidarse como uno de los jugadores con mayor despliegue territorial en la Argentina.
La operación incluye, además de los locales comerciales, un centro logístico clave para sostener el abastecimiento y optimizar la distribución, un punto estratégico en un negocio donde los costos operativos son determinantes.
Desde la empresa aseguraron que el traspaso contempla la continuidad de los más de 1600 trabajadores involucrados, garantizando una transición ordenada en cada una de las sucursales.
Sin embargo, más allá de ese punto, la compra vuelve a poner en debate el proceso de concentración en el sector supermercadista, en un contexto donde cada vez menos actores concentran mayor volumen de mercado.
Para el grupo Libertad, la operación representa un cambio de rumbo. La venta de parte de su división de hipermercados se enmarca en una estrategia de reconversión hacia el negocio inmobiliario comercial, con foco en el desarrollo y gestión de sus centros “Paseo Libertad”, donde reúne más de 1300 locales.
Es decir, mientras uno se expande en el consumo masivo, el otro se retira parcialmente para apostar a la renta inmobiliaria.
La decisión de La Anónima deja una lectura clara: en medio de la crisis, algunos jugadores no retroceden, sino que avanzan. La expansión en un contexto de caída del consumo puede interpretarse como una apuesta a ganar mercado aprovechando la retracción de otros competidores.
En provincias como Tierra del Fuego, donde la cadena ya tiene un peso determinante en la formación de precios y el abastecimiento, este tipo de movimientos no pasan desapercibidos.
Por el contrario, reafirman su posición dominante y abren nuevos interrogantes sobre el impacto que esta concentración puede tener en el bolsillo de los consumidores en un escenario económico cada vez más complejo.