El director del área, Ricardo Bucarey, remarcó que, si bien en los últimos años disminuyó la cantidad de familias que utilizan salamandras, los peligros continúan siendo los mismos. “Son menos las familias que se calefaccionan con leña, pero no quiere decir que sean menos riesgosos, el riesgo es el mismo”, afirmó.
En ese sentido, el funcionario hizo referencia a un reciente incendio ocurrido en Ushuaia, en la zona de Andorra, que se habría originado por el recalentamiento de una salamandra. El hecho vuelve a poner en evidencia los riesgos de este tipo de calefacción cuando no se toman los recaudos necesarios.
Uno de los hábitos más comunes y peligrosos, según explicó Bucarey, es la práctica de cargar en exceso la salamandra antes de salir del hogar. “Es muy común que quieran dejarla cargada para mantener el calor, pero eso no es seguro. Siempre hay que tener control sobre esas situaciones”, advirtió.
Asimismo, desde Defensa Civil insistieron en la importancia de respetar ciertas condiciones básicas para reducir riesgos. Entre ellas, mantener una distancia adecuada entre la salamandra y las paredes, utilizar materiales resistentes al calor en su entorno y garantizar una ventilación correcta del ambiente.
También se destacó la necesidad de controlar el estado de los caños de salida y realizar mantenimiento periódico para evitar problemas de combustión que puedan derivar en incendios o acumulación de gases peligrosos.
“Son recomendaciones sencillas, pero hay que hacerlas”, subrayó Bucarey, al tiempo que apeló a la responsabilidad de cada familia en el uso seguro de estos sistemas de calefacción.