El gobierno de Javier Milei atraviesa uno de sus momentos más delicados desde que asumió. En medio de escándalos políticos, tensiones internas y una economía que no logra dar señales claras de recuperación, los niveles de apoyo comienzan a mostrar una caída sostenida que enciende alarmas en la Casa Rosada.
El dato más contundente surge del último informe de la consultora Trespuntozero: la imagen negativa de la gestión alcanzó el 59,8%, el registro más alto desde el inicio del mandato. Un número que refleja no solo el impacto de la situación económica, sino también el desgaste político acumulado en las últimas semanas.
Uno de los principales focos de conflicto es el denominado caso $Libra, que investiga presuntas irregularidades vinculadas a la promoción de un proyecto cripto que terminó en pérdidas millonarias para inversores.
A esto se sumaron cuestionamientos al entorno del poder, con polémicas por viajes y presuntos privilegios que golpean directamente el discurso oficial de austeridad y enfrentamiento con la “casta”.
En conjunto, estos episodios impactan en un punto clave del gobierno:
👉 la credibilidad
Porque el desgaste no solo proviene de la economía, sino también de una narrativa que empieza a mostrar fisuras.
Más allá de los escándalos, los datos muestran que las principales preocupaciones de la sociedad siguen siendo estructurales:
En ese contexto, el malestar social crece y comienza a reflejarse en la percepción general del Gobierno.
La expectativa inicial que generó el cambio de rumbo económico empieza a convivir con una realidad más compleja, donde los resultados no llegan al ritmo esperado por amplios sectores.
El escenario también expone tensiones dentro del propio oficialismo. Las diferencias en el entorno cercano al presidente y la acumulación de conflictos empiezan a marcar un desgaste en el funcionamiento del gobierno.
Aunque públicamente se intenta mostrar cohesión, en los hechos se perciben señales de incomodidad y falta de coordinación en la gestión.
El gobierno de Milei llegó con una fuerte promesa de transformación, apoyado en un discurso disruptivo y una crítica frontal a la política tradicional.
Sin embargo, los últimos acontecimientos muestran un cambio de clima:
La combinación de crisis económica y escándalos políticos comienza a configurar un escenario más complejo.
La caída en la imagen no es solo un dato estadístico. Marca un momento político.
Porque cuando el apoyo comienza a erosionarse, también se debilita la capacidad de impulsar reformas y sostener decisiones de alto costo social.
El desafío para el Gobierno será recuperar la iniciativa en un contexto donde la confianza, uno de sus principales activos, empieza a mostrar signos claros de deterioro.