Uno de los ejes principales es la reactivación de obras financiadas a través del Fondo de Ampliación Municipal (FAM), que habían sido licitadas en 2023 pero quedaron suspendidas por la falta de transferencia de recursos. Estas obras, que hoy vuelven a ponerse en marcha, incluyen la pavimentación de sectores del parque industrial —con más de 10 cuadras intervenidas—, la ampliación de redes de agua y cloacas, mejoras en el sistema de hidrantes y la generación de suelo urbano con servicios.
Se trata de intervenciones que no solo buscan mejorar la infraestructura existente, sino también acompañar el crecimiento de la ciudad. “Son obras que ya habían cumplido todos los procesos administrativos y técnicos, pero que nunca recibieron los fondos. Hoy las retomamos en un contexto completamente distinto, con costos mucho más altos”, explicó Mónaco en FM Provincia, en referencia al impacto inflacionario acumulado en los últimos años.
La generación de suelo urbano aparece como otro de los pilares de la política municipal. En distintos sectores de la ciudad, el Municipio trabaja en la creación de lotes con servicios, con el objetivo de brindar soluciones habitacionales en un contexto donde el acceso a la vivienda se vuelve cada vez más difícil. Este tipo de proyectos incluye la provisión de infraestructura básica —agua, cloaca y apertura de calles— que luego permite el desarrollo de nuevos barrios.
Sin embargo, el escenario general está fuertemente condicionado por la retirada del Estado nacional del financiamiento de obras públicas. Según explicó la funcionaria, esta situación no solo frenó proyectos, sino que generó un efecto en cadena: obras inconclusas, deudas con empresas contratistas y la necesidad de que el Municipio asuma compromisos económicos para evitar conflictos legales.
“El contrato es entre el Municipio y la empresa. Si la Nación no envía los fondos, la responsabilidad sigue siendo nuestra”, sostuvo Mónaco, subrayando que muchas veces la administración local debió continuar o finalizar obras con recursos propios para cumplir con esas obligaciones.
Este contexto obligó a redefinir completamente la planificación. La prioridad ya no está puesta en iniciar nuevas obras de gran escala, sino en finalizar aquellas que se encuentran en ejecución o que presentan un alto grado de avance. Entre ellas se destacan el natatorio municipal —una obra compleja que requiere equipamiento especializado— y el Edificio de la Dignidad, ambos considerados estratégicos por su impacto social.
Al mismo tiempo, algunos proyectos que quedaron sin financiamiento debieron ser reconvertidos. Tal es el caso de la Terminal de Ómnibus, cuya construcción quedó trunca tras la discontinuidad de los fondos nacionales. Frente a esta situación, el Municipio evalúa darle un nuevo uso, transformándola en un espacio comunitario que incluya actividades comerciales, recreativas y de capacitación, adaptándose así a las necesidades actuales del entorno.
Otro aspecto que preocupa es el mantenimiento de la infraestructura existente, especialmente en zonas sensibles como la defensa costera. Allí, factores como el desgaste del tiempo, los cambios en las condiciones marítimas y la falta de intervenciones sostenidas generaron deterioros que hoy requieren nuevas soluciones técnicas. Desde el Municipio reconocen que estas obras no solo deben ejecutarse, sino también mantenerse de manera constante para garantizar su funcionamiento a largo plazo.
En paralelo, la caída de la obra pública impactó directamente en el empleo, especialmente en el sector de la construcción. En este sentido, la gestión busca alternativas para sostener la actividad, como la ejecución de trabajos por administración municipal y la implementación de convenios con comerciantes para mejorar accesos y entornos urbanos en áreas comerciales.
De cara al futuro inmediato, la planificación se orienta hacia la infraestructura básica: pavimentación, cordón cuneta, bacheo y mejora de espacios públicos. Se trata de intervenciones que, si bien pueden parecer menores frente a grandes obras, tienen un impacto directo en la calidad de vida de los vecinos y en el ordenamiento del crecimiento urbano.
“Cada calle que se pavimenta no solo mejora la circulación, también ordena el barrio, impulsa nuevas construcciones y genera desarrollo”, señaló Mónaco.