miércoles 08 de abril de 2026 - Edición Nº2681

Generales | 8 abr 2026

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De la clase media al volante: crisis empuja miles a Uber y ya ni eso alcanza

14:11 |La pérdida del poder adquisitivo, la caída del empleo y la falta de alternativas están llevando a cada vez más fueguinos a trabajar con aplicaciones como Uber. En Tierra del Fuego, el fenómeno ya impacta con fuerza: se estima que cerca de 2.000 fueguinos manejan de forma habitual o esporádica, en un mercado cada vez más competitivo donde trabajar más horas ya no garantiza sostener el ingreso.


En Tierra del Fuego, la postal se repite cada día con mayor frecuencia. Profesionales, empleados del sector privado, trabajadores industriales y hasta jubilados reconvertidos manejan largas horas al volante intentando sostener un ingreso que ya no alcanza.

Lo que comenzó como una alternativa complementaria se convirtió en muchos casos en la única salida frente a la pérdida del empleo o el deterioro del salario. Sin embargo, esa salida empieza a mostrar signos de agotamiento.

Más conductores, menos ingresos

A nivel país, el fenómeno creció de manera exponencial. En los últimos meses, cien mil personas se sumaron como choferes de aplicaciones, empujadas por la crisis económica . Hoy se estima que alrededor de 500 mil argentinos trabajan en plataformas de transporte .

Ese crecimiento tiene una consecuencia directa: la sobreoferta de conductores.

Y cuando hay más autos disponibles que viajes, el resultado es claro:
menos viajes por conductor, menor facturación y más horas en la calle.

“La actividad dejó de ser rentable”, advierten desde el propio sector, señalando que la combinación de costos, tarifas bajas con "precios casi fantaseosos" y competencia creciente vuelve cada vez más difícil sostenerse .

El rol del algoritmo: trabajar más para ganar menos

El sistema de estas plataformas no es neutral.
Las tarifas y la asignación de viajes están controladas por algoritmos que ajustan los precios según la oferta y la demanda.

En la práctica, esto significa que cuanto más conductores hay, más baja el valor de cada viaje. Y este 

Aunque en algunos momentos se registran ingresos de alrededor de $5.000 por hora, estos valores se mantienen estancados mientras suben los costos, lo que reduce el ingreso real, xasi hasta tener que duplicar la cantidad de horas de trabajo y buscar alternativas de en que momento salir a ofrecer el servicio.

Además, los conductores deben afrontar combustible con aumentos desmedidos, mantenimiento y desgaste del vehículo, lo que achica aún más la ganancia final.

El resultado es una ecuación cada vez más frágil:
- más horas de trabajo
- más competencia
- menos ingresos reales

Tierra del Fuego: una salida que ya muestra límites

En la provincia, el fenómeno también creció de manera sostenida. Se estima que existen cerca de 2.000 socios conductores, entre quienes trabajan de forma habitual y quienes lo hacen de manera esporádica.

En ciudades como Río Grande y Ushuaia, el aumento de la oferta ya comienza a sentirse en la calle:

  • más autos circulando en busca de viajes
  • mayores tiempos de espera entre traslado y traslado
  • jornadas laborales que se extienden cada vez más

Para muchos, lo que parecía una solución rápida se transforma en una trampa de subsistencia.

La caída de la clase media, en primera persona

Detrás de cada volante hay una historia similar:
personas que tenían estabilidad y hoy intentan sostener su economía diaria.

El fenómeno no distingue edades ni trayectorias. Según estudios recientes, una gran parte de los conductores tiene formación terciaria o universitaria, y más del 60% combina esta actividad con otros trabajos .

Pero cuando incluso eso no alcanza, el desgaste es doble: económico y social.

Una economía que empuja hacia abajo

El problema de fondo no está en las aplicaciones, sino en lo que representan:
una economía que expulsa trabajadores formales y los empuja a esquemas cada vez más precarios.

Hoy, miles de fueguinos se suben a su auto no para progresar, sino para no caer.

Y en ese intento, se enfrentan a un sistema donde las reglas no las pone el trabajador, sino un algoritmo.

El límite de la última salida

La expansión de las apps dejó de ser una solución y empezó a convertirse en un síntoma.

Porque cuando cada vez más personas necesitan hacer lo mismo para sobrevivir, el sistema se satura.

Y cuando se satura, deja de ser una salida.

Se convierte en otra forma de caída.

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