Qué es el ambiente periglaciar
El ambiente periglaciar está conformado por las zonas que rodean a los glaciares, donde el suelo permanece congelado durante gran parte del año. A diferencia de los glaciares —que son visibles y fácilmente identificables—, estas áreas funcionan de manera más silenciosa, pero cumplen un rol igual o incluso más importante.
Allí, el suelo actúa como una especie de “esponja natural”: acumula agua en épocas frías y la libera de forma gradual cuando aumentan las temperaturas. Este mecanismo permite regular el caudal de ríos y arroyos, evitando tanto sequías como crecidas bruscas.
En términos simples, el ambiente periglaciar es una reserva estratégica de agua dulce.
Por qué la ley lo protege
En Argentina, esta zona está protegida por la Ley de Glaciares Argentina, que no solo resguarda los glaciares, sino también su entorno.
La normativa limita actividades como la minería o la explotación de recursos que puedan afectar estas reservas naturales. Y no es casual: cualquier alteración en estas áreas impacta directamente en la disponibilidad de agua a futuro.
Por eso, cada intento de modificar la ley pone en el centro de la discusión al ambiente periglaciar.
El caso de Tierra del Fuego
En Tierra del Fuego, este tema adquiere una dimensión aún más relevante. La provincia cuenta con 1.333 glaciares, que abarcan una superficie de 2.736,51 km², distribuidos principalmente en las cuencas del río Grande, el lago Fagnano y el Canal Beagle.
Se trata en su mayoría de glaciares de menor tamaño —como los de circo y de montaña—, pero con un enorme valor ambiental y estratégico. Algunos de ellos forman parte del paisaje cotidiano y de la identidad fueguina, como el Glaciar Martial, cercano a Ushuaia; el Glaciar Vinciguerra, uno de los más importantes por su volumen y estado de conservación; o el Ojo del Albino, un ícono del senderismo de alta montaña.
Más allá de su atractivo turístico, estos glaciares cumplen una función esencial: actúan como “tanques de agua” naturales que garantizan el suministro durante los meses más secos y sostienen el equilibrio de ecosistemas clave como las turberas.
Una señal de alerta
Sin embargo, los datos más recientes encienden una fuerte preocupación. Estudios de la Secretaría de Ambiente provincial indican que los glaciares fueguinos perdieron cerca del 40% de su superficie de hielo descubierto entre 2013 y 2023.
En ese proceso, muchos glaciares pequeños y neveros permanentes ya desaparecieron, mientras que los más grandes muestran signos de adelgazamiento y fragmentación.
Este retroceso no solo afecta al paisaje: pone en riesgo el equilibrio hídrico de toda la región.
Lo que está en juego
El debate ya no es solo ambiental, sino también estratégico. Proteger los glaciares y el ambiente periglaciar no es una discusión abstracta: implica resguardar las fuentes de agua dulce que abastecen a las comunidades y sostienen la vida en el territorio.
Cuando se habla de modificar los niveles de protección, lo que está en juego no es solo una ley.
Es el futuro del agua.