SANTIAGO DE CHILE.– El primer acercamiento protocolar entre Antonio Kast y Javier Milei dejó como saldo una fuerte disputa en la arena política chilena. El foco del conflicto se centra en el comunicado que ambos firmaron este lunes, donde el Ejecutivo chileno reiteró su acompañamiento a los derechos argentinos sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur. Lo que tradicionalmente se considera una postura de Estado derivó esta vez en un duro cuestionamiento por parte de representantes de la zona austral, quienes ven con desconfianza el alcance de la terminología empleada.
La resistencia fue encabezada por Alejandro Kusanovic, senador independiente por Magallanes, quien manifestó su malestar ante la mención de los “espacios marítimos circundantes” en la declaración. Según la perspectiva del legislador, estas precisiones documentales podrían colisionar con las pretensiones de soberanía que Chile mantiene en el extremo sur y su proyección hacia el continente blanco. Kusanovic advirtió que la zona reclamada por Argentina “se superpone con el territorio de Magallanes y la Antártida chilena, incluso en zonas al sur del Cabo de Hornos", exigiendo por ello que la Cancillería aclare el impacto real sobre la plataforma continental.
Para contener el avance de las críticas, el ministro de Relaciones Exteriores, Francisco Pérez Mackenna, se presentó ante la comisión respectiva del Senado con el fin de bajarle el tono a la polémica. El jefe de la diplomacia trasandina aseguró que las palabras de Kast no representan ninguna innovación técnica ni política, sino que se ajustan estrictamente a una línea de conducta que el país sostiene de manera ininterrumpida desde hace más de tres décadas. La intención oficial fue dejar en claro que los intereses nacionales no están sujetos a negociación alguna.
Desde la sede de Gobierno resaltaron que la redacción del texto es un calco de las utilizadas por administraciones de signos políticos opuestos, desde el regreso de la democracia. El respaldo ha sido una constante que atraviesa la historia reciente, desde los acuerdos entre Aylwin y Menem a principios de la década del 90, pasando por las gestiones de Frei, Lagos, Bachelet y Piñera, hasta el compromiso asumido por Boric y Fernández hace apenas unos años. En este sentido, voces como la del senador Vlado Mirosevic llamaron a no alimentar una "autopolémica" que solo sirve para generar ruidos artificiales en la relación bilateral.
En el plano técnico, el exasesor internacional Benjamín Salas publicó una carta abierta para desestimar cualquier riesgo de superposición territorial. Salas argumentó que, bajo el amparo de la Convención sobre el Derecho del Mar, los espacios que generan las Malvinas no afectan los derechos que Chile posee sobre su propia plataforma. Esta explicación busca desactivar la inquietud que arrastran los parlamentarios chilenos desde 2009, año en que Argentina presentó ante la ONU su plan de extensión de límites marinos más allá de las 200 millas.
Como telón de fondo de este clima de desconfianza, la Armada de Chile publicó un video institucional que pone de relieve la importancia estratégica de su mar patrimonial, una movida leída por los analistas como una señal de firmeza hacia el frente interno.
Finalmente, el exembajador José Antonio Viera-Gallo puso paños fríos al recordar que cualquier pretensión en la zona se rige por el Tratado Antártico de 1959. Según el diplomático, ese pacto mantiene las reclamaciones en suspenso y funciona como el principal resguardo para evitar que el Cono Sur se convierta en un escenario de disputas geopolíticas de gran envergadura.